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Trump no necesita romper el T-MEC para imponer sus condiciones

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Donald Trump no necesita anunciar la muerte del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá para poner en riesgo buena parte de sus beneficios. Le basta con mantenerlo formalmente vigente mientras amenaza con aranceles, exige concesiones, introduce incertidumbre y obliga a sus socios a negociar una y otra vez aquello que suponían protegido por un acuerdo internacional. Ése es el verdadero peligro que enfrenta México: no necesariamente la desaparición del T-MEC, sino su debilitamiento progresivo hasta convertirlo en un instrumento sujeto a las decisiones políticas de Washington. Porque un tratado que existe en el papel, pero cuya aplicación depende de la voluntad cambiante del presidente estadounidense, puede terminar ofreciendo mucha menos certidumbre de la que promete.

Trump ha vuelto a declarar que está cerca de alcanzar un buen acuerdo con México. La afirmación merece atención, pero también cautela. El mandatario estadounidense acostumbra presentar las negociaciones como triunfos antes de que se conozcan sus términos, y no siempre lo que considera favorable para Estados Unidos representa un beneficio equivalente para sus interlocutores. Por ahora, lo indispensable es conocer qué se está negociando, cuáles serían las concesiones recíprocas y si los eventuales entendimientos realmente fortalecen la posición mexicana o simplemente reducen algunas de las presiones que Washington ha impuesto previamente.

La diferencia es fundamental. No es lo mismo obtener una ventaja comercial nueva que conseguir el retiro de una amenaza que nunca debió existir. Tampoco equivale a una victoria recuperar parcialmente condiciones que ya estaban reconocidas en un tratado vigente. Si primero se amenaza con imponer costos extraordinarios y después se ofrece eliminarlos a cambio de determinadas concesiones, el resultado puede presentarse como un acuerdo satisfactorio cuando en realidad sólo representa una modificación del punto de partida.

Ése ha sido uno de los rasgos más característicos de la estrategia negociadora de Trump. La amenaza funciona como instrumento de presión, la incertidumbre como mecanismo para acelerar decisiones y el anuncio público como una forma de atribuirse anticipadamente el triunfo. El problema para México no consiste únicamente en enfrentar a un interlocutor difícil, sino en preservar reglas estables frente a una administración que utiliza con frecuencia las relaciones comerciales como parte de su estrategia política.

El T-MEC fue concebido para establecer condiciones de intercambio, inversión y producción dentro de América del Norte. Su importancia no reside solamente en las disposiciones jurídicas que contiene, sino en la confianza que genera entre empresas, trabajadores, inversionistas y gobiernos. Las cadenas productivas de la región requieren decisiones de largo plazo. Una planta automotriz, una instalación electrónica, un complejo industrial o una red logística no se construyen para operar durante unas cuantas semanas. Son inversiones que necesitan horizontes de varios años, reglas conocidas y mecanismos confiables para resolver controversias.

Cuando esas condiciones se vuelven inciertas, el daño puede comenzar mucho antes de que se aplique una nueva tarifa. Las empresas aplazan inversiones, revisan proyectos, modifican sus previsiones y trasladan costos a proveedores y consumidores. Los trabajadores enfrentan dudas sobre la estabilidad........

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