Putin quiere que el invierno derrote a Ucrania
Vladimir Putin no necesita conquistar mañana Kiev para considerar que está avanzando en su guerra contra Ucrania. Le basta con prolongar el sufrimiento, destruir instalaciones energéticas, interrumpir el suministro eléctrico, debilitar la economía y convencer a millones de personas de que resistir tendrá un costo cada vez más insoportable. Mientras los dirigentes occidentales discuten presupuestos, sanciones, armamento y estrategias diplomáticas, los ucranianos enfrentan una realidad mucho más inmediata: cómo proteger sus hogares, mantener funcionando los hospitales, conservar el suministro de agua y prepararse para otro invierno bajo la amenaza de los bombardeos. La guerra ha dejado de ser solamente una disputa por territorios. También se ha convertido en una batalla para determinar cuánto sufrimiento puede soportar una sociedad antes de que el agotamiento termine imponiendo las condiciones que no se han conseguido mediante la fuerza militar.
Los ataques rusos registrados durante las últimas horas contra distintas regiones de Ucrania vuelven a demostrar la dimensión de esa estrategia de desgaste. Las instalaciones energéticas se han convertido en objetivos recurrentes, con consecuencias que van mucho más allá de los daños materiales. Cuando una central, una subestación o una red de distribución queda inutilizada, las repercusiones alcanzan a hospitales, escuelas, sistemas de bombeo, empresas y viviendas. En las zonas donde las temperaturas descienden considerablemente durante el invierno, perder electricidad también puede significar perder calefacción, comunicaciones y condiciones mínimas de habitabilidad. La destrucción de infraestructura civil no constituye un episodio secundario de la guerra, sino uno de sus aspectos humanitarios más graves.
La población ucraniana ha demostrado una capacidad de resistencia extraordinaria desde que comenzó la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022. Millones de personas han sufrido desplazamientos, pérdidas familiares, interrupciones laborales y restricciones que modificaron profundamente sus vidas. Sin embargo, ninguna sociedad dispone de recursos ilimitados para resistir indefinidamente. La reconstrucción constante de instalaciones destruidas, la reparación de sistemas eléctricos y la atención a las personas afectadas requieren inversiones, trabajadores especializados, materiales y condiciones de seguridad que la propia guerra dificulta. Cada infraestructura recuperada puede convertirse nuevamente en blanco de otro ataque, alimentando un círculo de destrucción y reparación que consume recursos indispensables para el desarrollo nacional.
Por eso sería equivocado interpretar la resistencia ucraniana exclusivamente a partir de los movimientos militares sobre el mapa. La situación de las tropas, el control territorial y las capacidades defensivas son componentes fundamentales, pero no los únicos. También importan la producción industrial, la disponibilidad de energía, el funcionamiento de los servicios públicos y la confianza de la población en que los sacrificios actuales pueden conducir a un futuro viable. Una guerra prolongada puede debilitar a un país sin necesidad de producir avances territoriales espectaculares. La acumulación de daños económicos y sociales puede resultar tan importante como los resultados obtenidos en el campo de batalla.
Rusia conoce esa realidad. Su estrategia combina operaciones militares, ataques a infraestructura, presión diplomática y una permanente disputa por la interpretación internacional del conflicto. Moscú sostiene sus propios argumentos sobre seguridad y control territorial, pero ninguno elimina el hecho fundamental de que Ucrania es un Estado soberano cuya integridad territorial está protegida por el derecho internacional. Las preocupaciones estratégicas de una potencia no le conceden autorización para imponer mediante la fuerza el destino político de un país vecino. Ese principio es especialmente importante para naciones como México, cuya tradición diplomática ha defendido la soberanía, la autodeterminación y la solución pacífica de las controversias.
Sin embargo, condenar la invasión no resuelve por sí mismo los problemas que plantea su........
