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El mundo ya no quiere girar solamente alrededor de Estados Unidos

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10.09.2026

Durante buena parte del último siglo, Estados Unidos no fue solamente la mayor potencia económica occidental. Fue también el centro alrededor del cual buena parte del mundo organizó comercio, finanzas, seguridad, tecnología y alianzas. El dólar dominó, Wall Street financió, el mercado estadounidense consumió, sus empresas innovaron y Washington construyó una red de instituciones y acuerdos que, con todas sus contradicciones, terminó convirtiéndose en columna vertebral del orden internacional. Ese mundo no desapareció. Estados Unidos sigue siendo una potencia enorme, quizá todavía la más influyente del planeta. Pero algo sí está cambiando: cada vez más países han dejado de asumir que su política económica debe girar exclusivamente alrededor de Washington.

Mark Carney lo dijo con una crudeza poco habitual en un primer ministro canadiense. En Davos afirmó que el viejo arreglo internacional atraviesa “una ruptura, no una transición” y sostuvo que las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma: aranceles como palanca, infraestructura financiera como instrumento de coerción y cadenas de suministro como vulnerabilidades que pueden explotarse. Su conclusión fue todavía más importante: los países intermedios necesitan construir mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales, finanzas y producción. No habló un dirigente de un país distante de Estados Unidos. Habló el jefe de gobierno de Canadá, probablemente uno de los socios más profundamente integrados con la economía estadounidense. Eso vuelve especialmente significativo el cambio. Canadá no está rompiendo con Estados Unidos ni podría hacerlo sin pagar un costo enorme, pero sí está intentando algo que hasta hace poco habría parecido innecesario: conservar la relación privilegiada con su vecino y, al mismo tiempo, disminuir la vulnerabilidad que implica depender excesivamente de él.

La actual guerra comercial ha acelerado esa transformación. Ottawa ha respondido a nuevos gravámenes estadounidenses con medidas propias y, más allá de la disputa puntual, lo verdaderamente importante es el lenguaje político que empieza a consolidarse. Carney ha dejado claro que Canadá quiere preservar acceso al mercado estadounidense, pero también su capacidad para establecer relaciones con otros países sin pedir permiso a Washington. Es decir: cooperación sí, subordinación no. Ésa es una idea que está extendiéndose mucho más allá de Canadá. Europa lleva años hablando de “autonomía estratégica”; India compra petróleo ruso, comercia con China, mantiene una relación creciente con Estados Unidos y simultáneamente evita integrarse completamente en el bloque de cualquiera; Arabia Saudita conserva su asociación con Washington mientras amplía negocios con Pekín; Brasil participa en BRICS y al mismo tiempo mantiene profundas relaciones económicas con Estados Unidos y Europa; los países del sudeste asiático intentan vender a ambos lados sin quedar atrapados entre ellos. Incluso aliados tradicionales estadounidenses están aprendiendo que en un mundo fragmentado resulta peligroso depender demasiado de un solo centro de poder.

No significa que haya nacido un mundo antiestadounidense. Significa que está apareciendo un mundo menos estadounidense-céntrico. La diferencia es enorme. Estados Unidos continúa teniendo ventajas extraordinarias: el dólar sigue siendo la principal moneda internacional, sus mercados financieros son incomparables, sus universidades y empresas tecnológicas permanecen en la frontera de la innovación y su mercado........

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