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El INE sobrevivió; ahora tiene que recuperar la confianza

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22.08.2026

El Instituto Nacional Electoral sobrevivió a una reforma que no convenció a una parte importante de la sociedad, a movilizaciones ciudadanas que intentaron impedir su debilitamiento, a una elección presidencial particularmente intensa, a la muy controvertida asignación de la representación legislativa de 2024 y hasta a la inédita elección judicial.

Sigue ahí. Organiza elecciones, fiscaliza partidos, administra prerrogativas y acaba incluso de aprobar el calendario del proceso federal 2026-2027. Pero sobrevivir institucionalmente no basta. El desafío del INE ahora es bastante más difícil: tiene que volver a generar confianza entre ciudadanos que todavía no están plenamente convencidos de que el árbitro conserve la independencia, fortaleza y autoridad que México necesita.

Conviene recordar de dónde venimos. Cuando comenzaron los intentos de modificar profundamente al sistema electoral, una cantidad importante de ciudadanos salió a las calles en numerosas ciudades grandes y medianas de prácticamente todas las regiones del país. Aquellas concentraciones no fueron solamente manifestaciones partidistas, aunque naturalmente participaron dirigentes y simpatizantes de oposición. En ellas también estuvieron ciudadanos que quizá nunca habían acudido a una movilización y que percibían un riesgo concreto: que una institución construida durante décadas pudiera debilitarse, quedar demasiado cercana al gobierno en turno o terminar capturada por algún partido o bloque político.

El mensaje de aquella sociedad fue, en realidad, mucho más sensato que algunos de los extremos que acompañaron la discusión. El INE podía evolucionar. Debía corregirse. Podía hacerse menos costoso, más eficiente, menos burocrático y más cercano al ciudadano. Ninguna institución democrática debe convertirse en pieza de museo ni considerarse inmune a la reforma. Lo que aquellos ciudadanos reclamaban era otra cosa: evolucionar no debía significar debilitar, y reformar no debía significar someter.

No consiguieron detener todo lo que pretendían impedir.

Hubo reformas, modificaciones, nuevas reglas y una profunda inconformidad que no desapareció simplemente porque las decisiones fueran finalmente aprobadas. A quienes no estuvieron de acuerdo no les quedó más remedio que hacer algo muy mexicano: apechugar. Aceptar que las reglas habían cambiado, seguir participando dentro de ellas y confiar en que las instituciones que quedaban fueran capaces de hacer funcionar la democracia aun en condiciones distintas.

Después llegó 2024 y con él otra controversia que tampoco puede ignorarse: la asignación de diputaciones de representación proporcional y la supermayoría alcanzada por Morena y sus aliados. El INE aprobó aquella distribución conforme a la interpretación jurídica que terminó prevaleciendo y posteriormente el Tribunal Electoral la sostuvo.

Pero una parte importante de constitucionalistas, especialistas, opositores y ciudadanos cuestionaron que la aplicación partido por partido de los límites a la sobrerrepresentación terminara produciendo una mayoría legislativa muy superior al porcentaje de votos recibido por la coalición en las urnas. (Repositorio Documental INE)

No necesitamos reabrir ahora toda aquella discusión ni afirmar que las autoridades actuaron fuera de la ley cuando sus decisiones siguieron la interpretación que formalmente terminó imponiéndose. Pero tampoco debemos fingir que no ocurrió nada.

Una cosa es la validez jurídica de una resolución y otra la percepción política y social que deja. Y aquella decisión volvió a golpear la confianza de quienes esperaban de la autoridad electoral una defensa más contundente del equilibrio representativo.

Después vinieron más procesos electorales, incluida la elección judicial, y el INE continuó trabajando. No desapareció, no dejó de organizar elecciones y tampoco se convirtió simplemente en una oficina irrelevante. Sigue siendo una institución indispensable y posee una estructura profesional construida durante décadas que sería absurdo menospreciar. Pero precisamente porque sigue ahí, ya no puede vivir únicamente explicando lo que le hicieron,........

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