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El IMSS está enfermo y no se cura con discursos

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18.10.2026

Cuando los trabajadores de un hospital salen a las calles para denunciar que no tienen condiciones suficientes para atender a los enfermos, el problema ya no puede considerarse exclusivamente laboral. Cuando los pacientes esperan meses por una consulta, una cirugía o un medicamento, tampoco estamos frente a una simple deficiencia administrativa. Y cuando ambas realidades coinciden dentro de la institución de seguridad social más importante de México, lo que tenemos es una crisis que exige mucho más que declaraciones tranquilizadoras. El Instituto Mexicano del Seguro Social atraviesa un conflicto que ha puesto frente a frente a trabajadores, dirigencia sindical y autoridades, pero detrás de esa confrontación existe una cuestión todavía más grave: ¿quién está defendiendo realmente el derecho a la salud de millones de mexicanos? Porque el IMSS no puede funcionar adecuadamente si quienes atienden a los pacientes trabajan en condiciones insatisfactorias, pero tampoco puede permitir que sus problemas internos terminen aumentando el sufrimiento de quienes acuden a sus instalaciones buscando atención.

Las movilizaciones que durante los últimos días han protagonizado trabajadores del Seguro Social no surgieron de la nada ni responden únicamente a una diferencia salarial. Médicos, enfermeras, trabajadores administrativos, personal técnico y empleados de distintas áreas han expresado inconformidades relacionadas con sus remuneraciones, la insuficiencia de personal, las condiciones de trabajo y las dificultades que enfrentan para desempeñar sus responsabilidades. También existen cuestionamientos a la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social, encabezada por Rafael Olivos Hernández, cuya representación ha sido puesta en entredicho por grupos de trabajadores inconformes. Las protestas han alcanzado distintos estados y provocado movilizaciones, plantones y bloqueos, mientras las autoridades procuran establecer mecanismos de negociación que permitan recuperar la normalidad.

El detonante inmediato fue el acuerdo salarial que contemplaba un incremento global del 6.8 por ciento, integrado por un aumento del 2.9 por ciento al salario tabular y otro 3.9 por ciento en prestaciones. La distinción es importante porque no todas las percepciones tienen las mismas consecuencias para los trabajadores. El sueldo tabular constituye una referencia fundamental para diversos cálculos laborales, mientras determinadas prestaciones responden a conceptos específicos. Por ello, aunque la dirigencia sindical presentó inicialmente el acuerdo como un incremento global superior a la inflación, numerosos trabajadores consideraron insuficiente el aumento directo a sus salarios y exigieron revisar las condiciones pactadas.

La inconformidad tuvo una consecuencia relevante cuando los propios trabajadores rechazaron la propuesta mediante una consulta realizada el miércoles 14 de octubre. La votación obligó a reconsiderar el acuerdo previamente alcanzado y abrió un nuevo escenario de negociación.

Posteriormente, el director general del IMSS, Zoé Robledo, y representantes del sindicato instalaron una mesa de trabajo para examinar alternativas salariales y laborales. Sin embargo, las protestas no han desaparecido. Persisten cuestionamientos sobre la representación sindical, las condiciones de las unidades médicas y los resultados que puedan producir las conversaciones. Una nueva movilización nacional ha sido anunciada para el miércoles 21, lo que demuestra que el conflicto permanece abierto.

Aquí conviene reconocer un aspecto positivo: la consulta permitió que los trabajadores expresaran directamente su posición sobre el convenio salarial. La representación sindical no puede entenderse como una autorización permanente para decidir sin escuchar a sus afiliados. Los sindicatos existen para defender derechos y negociar condiciones laborales, no para convertirse en estructuras ajenas a las preocupaciones de quienes les otorgan legitimidad. Pero también debe evitarse la conclusión automática de que todo desacuerdo con una dirigencia demuestra conductas indebidas. Las acusaciones de irregularidades requieren pruebas y procedimientos adecuados. Lo que sí resulta indispensable es garantizar que las decisiones sindicales se adopten democráticamente y que los trabajadores conozcan con claridad los compromisos que se negocian en su nombre.

La discusión sobre los salarios es legítima, pero sería un error reducir a ella toda la controversia. Los trabajadores también han denunciado carencias de medicamentos, materiales de curación, equipamiento y personal suficiente para atender la demanda de servicios. Algunas de esas deficiencias forman parte de problemas estructurales que la institución enfrenta desde hace años. Cuando un médico dispone de poco tiempo para examinar a sus pacientes, cuando una enfermera debe atender simultáneamente demasiadas responsabilidades o cuando una........

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