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Defender el T-MEC sin arrodillarse

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03.10.2026

México necesita defender el T-MEC porque sigue siendo una de las herramientas económicas más importantes del país, pero defenderlo no significa conservarlo a cualquier costo. Un tratado comercial debe servir para ampliar oportunidades, dar certidumbre, atraer inversión y fortalecer la capacidad productiva nacional; cuando para mantenerlo hay que aceptar condiciones que reducen márgenes de decisión, limitan relaciones con terceros o someten permanentemente nuestra política económica a los cambios de prioridades de Washington, deja de ser solamente un instrumento de integración y empieza a convertirse en una fuente de dependencia. La revisión del acuerdo ha entrado en una etapa de negociación continua y eso obliga a México a pensar no sólo en cómo preservarlo, sino en cómo llegar a cada conversación con más opciones y menos vulnerabilidades.

La relación con Estados Unidos y Canadá es demasiado importante para trivializarla. Norteamérica constituye una región productiva profundamente integrada y México ha construido durante décadas cadenas industriales que sería absurdo pretender desmontar. El comercio con Estados Unidos sostiene millones de empleos mexicanos y permite que sectores como el automotriz, electrónico, agroalimentario, aeroespacial, médico y manufacturero funcionen dentro de redes continentales. Defender esa integración es sensato. Lo que no sería sensato es arrodillarse ante ella.

México debe negociar, defender cada empleo, pelear cada acceso preferencial y utilizar todos los mecanismos disponibles dentro del propio tratado. Pero también debe entender que ningún país puede construir una estrategia económica de largo plazo suponiendo que un solo mercado permanecerá permanentemente abierto bajo las mismas condiciones. Marcelo Ebrard acaba de reunirse con Jamieson Greer y ha dicho que México está cada vez más cerca de nuevos acuerdos con Estados Unidos para aliviar presiones arancelarias sobre sectores como automóviles, acero, aluminio y cobre. Es una señal positiva, pero también confirma algo importante: aquello que antes parecía protegido por reglas relativamente estables necesita hoy negociarse una y otra vez.

Ahí está el verdadero desafío. Durante décadas nuestra cercanía geográfica con Estados Unidos fue una ventaja extraordinaria y lo sigue siendo. Ninguna política económica responsable debería desperdiciarla. Pero la cercanía también produjo una concentración comercial que nos vuelve vulnerables cada vez que Washington modifica aranceles, reglas de origen, criterios de seguridad económica o prioridades industriales. Una amenaza comercial estadounidense pesa sobre México mucho más de lo que una decisión mexicana comparable podría pesar sobre Estados Unidos. Eso se llama asimetría, y las asimetrías no desaparecen mediante discursos: se reducen construyendo alternativas.

Por eso México debe defender el T-MEC y simultáneamente ampliar su horizonte económico. No para sustituir a Estados Unidos, porque eso sería irreal y además innecesario, sino para dejar de depender de una sola puerta de salida. Europa, India, Japón, Corea, el sudeste asiático, América Latina y Medio Oriente deben dejar de aparecer únicamente en los discursos sobre diversificación para convertirse en mercados concretos para productos mexicanos, destinos de inversión y fuentes alternativas de tecnología y proveeduría. La agenda comercial reciente de México ya apunta hacia una mayor........

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