Bachelet se va: ¿para qué sirve hoy la ONU?
Michelle Bachelet anunció este sábado que abandona su candidatura para convertirse en secretaria general de las Naciones Unidas. La expresidenta chilena, que además fue directora ejecutiva de ONU Mujeres y Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, decidió retirarse después de quedar muy rezagada en las consultas informales del Consejo de Seguridad. Su candidatura había sido impulsada originalmente por Chile, Brasil y México, pero el gobierno de José Antonio Kast retiró posteriormente el respaldo chileno, mientras México y Brasil decidieron mantenerlo. Bachelet reconoció finalmente que no existían las condiciones para continuar. (elpais.com)
El episodio podría interpretarse simplemente como una derrota diplomática de Bachelet, como una consecuencia de la división política chilena o incluso como un fracaso de quienes promovieron una candidatura que no consiguió construir suficientes respaldos. En Chile, de hecho, las reacciones han sido cruzadas y sus adversarios han discutido quién fue responsable del desenlace. (emol.com) Pero quedarse ahí sería observar solamente la anécdota y perder de vista la cuestión verdaderamente importante: qué significa hoy aspirar a dirigir Naciones Unidas y qué capacidad real conserva la organización para cumplir aquello para lo cual fue creada.
Hay además un episodio diplomático que merece atención. México decidió mantener su apoyo a Michelle Bachelet aun después de que el nuevo gobierno chileno retirara el patrocinio que su antecesor había otorgado junto con Brasil y el propio México. Ahora, después de que Bachelet decidió abandonar la carrera, la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana volvió a reconocer públicamente su trayectoria, su compromiso con el multilateralismo y sus condiciones para encabezar Naciones Unidas. Es un gesto políticamente significativo, aunque ya exclusivamente moral: cuando el candidato se ha retirado, el respaldo deja de tener efectos sobre la elección. (t13.cl)
La escena contiene cierta paradoja. México y Brasil terminaron respaldando hasta el final a una expresidenta chilena cuya candidatura ya no contaba con el apoyo del propio gobierno de Chile. Kast había justificado el retiro señalando, entre otras razones, sus escasas posibilidades de éxito, y después de la renuncia de Bachelet su gobierno reafirmó aquella decisión. El resultado terminó dándole sustento práctico a ese diagnóstico: en la tercera consulta informal del Consejo de Seguridad, Bachelet recibió solamente un voto favorable, once en contra y tres opiniones neutrales. (ucvradio.cl)
Pero tampoco sería justo concluir que México se equivocó simplemente por haber sostenido su apoyo. La política exterior no consiste únicamente en apostar por quien va ganando. México pudo considerar que respaldar a una mujer latinoamericana, dos veces presidenta de Chile, exdirectora de ONU Mujeres y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos era coherente con determinada concepción del multilateralismo y de la representación regional. Otra cuestión es distinguir entre un respaldo diplomáticamente congruente y una candidatura verdaderamente viable.
Y precisamente ahí aparece otra de las particularidades —y contradicciones— de Naciones Unidas: un país puede patrocinar a un candidato extranjero aunque el gobierno de su propio país de origen ya no lo respalde; puede mantener públicamente ese apoyo incluso cuando los números dentro del Consejo de Seguridad indican que la candidatura prácticamente no tiene camino; y después de su retiro puede reiterar su reconocimiento sin que aquello cambie ya absolutamente nada en el proceso sucesorio.
México conserva así el gesto. Chile conserva su decisión de haberse retirado a tiempo. Bachelet conserva el reconocimiento internacional........
