AMLO reaparece y muchos voltean a La Chingada
Andrés Manuel López Obrador reapareció y no necesitó regresar a Palacio Nacional, encabezar un mitin ni levantar el teléfono para volver a colocarse en el centro de la conversación política. Le bastó una cámara desde su finca de Palenque, la presentación de Pueblo, su nuevo libro, una larga reivindicación de la Cuarta Transformación, elogios a Claudia Sheinbaum y una frase especialmente significativa: no es “jefe máximo” ni “poder tras el trono”. Formalmente, el expresidente sigue retirado. Políticamente, sin embargo, su sola aparición consiguió que mucha gente volviera a mirar hacia La Chingada.
La expresión puede parecer provocadora, pero es literalmente el nombre que López Obrador dio a su propiedad en Chiapas y sirve además para retratar una realidad mucho más interesante: mientras insiste en que dejó la vida pública, continúa teniendo capacidad para alterar la agenda nacional, activar interpretaciones dentro y fuera de Morena y obligar a preguntarnos qué quiso decir, por qué lo dijo precisamente ahora y hasta dónde sigue pesando su opinión sobre el movimiento que fundó. Y el momento importa, porque su reaparición ocurre apenas después de que Morena concluyó buena parte de la definición de sus llamados coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional rumbo a 2027, figuras que popularmente seguimos llamando “corcholatas” y que constituyen, en los hechos políticos, la antesala de las candidaturas a las gubernaturas que estarán en disputa.
No afirmo que una cosa haya provocado la otra. No sabemos si la reaparición estaba pactada, si fue conversada previamente con Claudia Sheinbaum, si López Obrador decidió por sí mismo que éste era el momento adecuado para presentar su libro o si simplemente coincidieron dos acontecimientos que inevitablemente terminarían relacionándose en la conversación pública. Tampoco sabemos si pretendió enviar alguna señal respecto de las nuevas corcholatas. Lo responsable es no inventar conexiones que no están demostradas, pero también sería ingenuo ignorar la oportunidad política del momento. En política, el calendario habla incluso cuando los protagonistas aseguran que no quisieron decir nada con él.
Morena está entrando de lleno en la sucesión intermedia de 2027. Ya tiene aspirantes perfilados, grupos satisfechos, otros desplazados, alianzas que administrar y heridas internas que seguramente tendrán que cicatrizar. El partido insiste en que sus coordinaciones se definieron mediante sus propios procedimientos y encuestas. Eso puede ser formalmente cierto y, al mismo tiempo, no eliminar la pregunta inevitable sobre cuánto pesa todavía López Obrador dentro de un movimiento construido durante décadas alrededor de su liderazgo. Porque López Obrador puede no dar una sola orden desde Palenque y aun así conservar enorme influencia. Ésa es la diferencia que conviene entender: el poder no siempre consiste en mandar; también consiste en que los demás quieran saber qué piensa uno antes de decidir.
Sheinbaum lo expresó de manera particularmente interesante después de esta reaparición: López Obrador se retiró de la vida pública, pero escribir, reflexionar y publicar libros también es una forma de hacer política. La presidenta agradeció la dedicatoria de Pueblo y ha reiterado que su antecesor no gobierna detrás de ella. El propio López Obrador volvió a negar cualquier intención de convertirse en jefe máximo o poder tras el trono. Yo creo que ése es precisamente el terreno donde Claudia Sheinbaum deberá seguir avanzando: no en una ruptura artificial con López Obrador, ni en una confrontación fabricada para demostrar independencia, sino en algo mucho más importante y bastante más difícil: ser........
