PAN: la congruencia no regala silencios
Cuando la oposición mexicana parece atrapada entre el pragmatismo, las cuotas internas y la supervivencia electoral, vale la pena observar la trayectoria reciente de Adriana Dávila Fernández. No porque sea una política infalible -ninguna persona dedicada a la vida pública lo es-, sino porque ha mostrado una disposición cada vez menos común en la política: asumir costos por sostener una convicción. En una época marcada por silencios convenientes y lealtades administradas, disentir desde dentro es una forma de congruencia.
Su renuncia a la Comisión Permanente del Consejo Nacional del PAN no significó abandonar Acción Nacional. Dávila explicó que continuaría como militante, pero que no permanecería en un órgano que, desde su perspectiva, había dejado de cumplir su función deliberativa, correctiva y orientadora. En su carta dirigida a Jorge Romero sostuvo que, durante casi dos años, presentó ideas y propuestas sin encontrar condiciones reales para discutirlas. También denunció prácticas que, a su juicio, toleraban “la simulación, la incongruencia y la inacción”.
Su salida fue, por tanto, una definición política, no un retiro.
En la política mexicana, la disciplina partidista suele confundirse con obediencia, aun cuando las decisiones contradicen los principios proclamados. Dávila eligió otro camino: cuestionar a los suyos sin renunciar a su identidad panista. Anunció que emplearía su experiencia en la defensa de México desde espacios donde pudiera actuar con congruencia, libertad y eficacia, manteniéndose en la oposición. Ese gesto no elimina la controversia ni........
