Tiempos performativos
Mayo y junio se han convertido en los meses en que se conmemora el orgullo de todas las siglas que conforman a la humanidad que es diversa, aquellas personas que no encajan dentro del esquema binario hombre-mujer y que tampoco se relacionan únicamente con personas del sexo opuesto. En la sede internacional de la paz, La Haya, durante este sábado se celebraron conciertos y protestas porque la diversidad sigue siendo castigada de distintas maneras.
En lo blando, quienes tienen identidades diversas y se expresan mediante ellas con formas de vestir o de hablar a menudo son excluidos o burlados. En lo duro, varios países siguen enviando a la cárcel a los distintos, prohibiendo uniones entre personas del mismo sexo y hasta condenándoles a morir o justificando socialmente los ataques que les hieren hasta desaparecerles. Pero en las jardineras que preceden el acceso a la Corte Internacional de Justicia, la palabra “paz” se inscribe en piedra recitada con todos los alfabetos e idiomas de los países que integran las Naciones Unidas, pues la Corte es el principal órgano judicial precisamente de aquel organismo tan poco respetado últimamente, las Naciones Unidas.
Pensaba en esa tremenda paradoja mientras una “Drag Queen”, apodada como “Mamma”, bailaba cerca de la estación central del tren durante un concierto, con tacones espléndidamente altos, un cuerpo finísimo envuelto en una tela casi serpéntica, brillosa, ajustada con tonos de animal print felino que no dejaba duda de la ferocidad salvaje en su performance. Justamente, un performance. Amado, aplaudido y difícilmente de ser sostenido en el diario cotidiano.
Vivimos en tiempos del performance, en que el principio de Pareto se aplica a la vida pública y a lo que decidimos exhibir en redes sociales con la regla del 20-80, donde el 20% de esfuerzos........
