Ser presidente exige debatir
El debate democrático no es un adorno, es el mecanismo que permite a la ciudadanía perforar la tela de retórica y ver lo que hay detrás de las promesas. Cuando los aspirantes, como Iván Cepeda, rehúsan enfrentarse públicamente, no solo evitan preguntas incómodas; privan al electorado de la posibilidad de evaluar coherencia, prioridades y límites de sus proyectos. Eso es un déficit democrático que ningún manual de campañas puede suplir.
El programa de Iván Cepeda, con sus más de 400 páginas, es voluminoso y enrevesado, y por más papel que ocupe, no sustituye la claridad. Los documentos técnicos deben acompañarse de explicaciones limpias y debatibles; sin eso, el elector solo recibe folclore ideológico y eslóganes. La transparencia exige que las ideas se sometan a contraste: cifras, fuentes, impacto fiscal, efectos sobre libertad económica y control institucional. El debate obliga a precisar cómo se van a proteger derechos, garantizar inversión y mantener controles sobre el poder.
En Colombia, la ciudadanía desconfía radicalmente de sus instituciones que han demostrado vulnerabilidades. La corrupción, la captura y la ineficacia........
