Una elección de valores
Más allá de una contienda presidencial, Colombia enfrenta una elección mucho más dolorosa y preocupante: la de su escala de valores. La semana que termina dejó en evidencia algo que solemos ignorar, pero que es fundamental: vivimos en una sociedad en la que el orden moral aparece invertido, y algunos de nuestros protagonistas políticos parecieran jactarse de ello.
Dos hechos recientes ilustran esta distorsión. El primero involucra a Iván Cepeda, quien se negó a condenar la fiesta celebrada en la cárcel de Itagüí. Hay evidencia de que presos –entre ellos sindicados como delincuentes de alta peligrosidad– ingresaron licor, comida, mujeres y músicos para montar un banquete dentro del penal. Frente a eso, Cepeda afirmó que no quería “hablar mal de la paz”. Sus declaraciones no solo relativizan lo sucedido, sino que, de facto, entregan una patente de corso: permitir actos ilícitos en nombre de una supuesta contribución a la paz, aún no verificada ni comprobada.
El segundo episodio fue la declaración pública del ministro Germán Ávila –en referencia a sus años en el M-19–: “Orgullosamente, fui guerrillero”. Fue su respuesta a una queja por expresiones verbales de una colega. Más allá de la carga personal de la frase, el mensaje que cala en la opinión pública es preocupante: celebrar la pertenencia a un grupo armado al........
