Cuando decimos “con los niños no se metan”…
Cuando un niño juega juegos “de niño” o una niña viste ropa “de niña”, lo que hacemos —sin darnos cuenta— es reforzar su identidad. Le damos señales que encajan con lo que siente y con lo que el mundo espera de él o de ella. Y cuando ese niño o esa niña se siente cómodo ahí, todo fluye: el entorno coincide con su interior.
Pero ¿qué pasa con el que no se siente bien en ese molde?
¿Qué pasa con la niña que no encaja en los planes que la familia ya tenía para ella?
¿Qué pasa con el menor que intenta cumplir las expectativas, pero por dentro siente que algo no cuadra?
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A esos niños no les estamos reforzando la identidad: se la estamos negando. Les estamos diciendo —sin decirlo— que lo que sienten está mal, que lo que les gusta no corresponde, que su forma de ser es un error que deben corregir. Y ahí empieza el conflicto interno, el silencio, la vergüenza, el miedo a decepcionar, el esfuerzo por encajar en un traje que les queda pequeño o les aprieta el alma.
Cuando repetimos la frase “con los niños no te metas”, solemos pensar en una escena muy........
