¿Para qué mi voto?
Soy Pablo Przchodny y no quiero ser su presidente. Respeto profundamente y con sentido democrático la decisión de cada uno de los 41.421.972 colombianos restantes, pero les contaré para qué es mi voto.
Durante décadas, la izquierda, combinando todas las formas de lucha, había intentado tomarse el poder y, muy a mi pesar, por fin lo lograron en las elecciones del año 2022. Muy dentro de mí, abrigaba la esperanza de haberme equivocado en mis juicios y que el llamado “primer gobierno progresista” marcara una diferencia en la política nacional, pero el tiempo trascurrido me ha mostrado que no fue así. Hoy asistimos a un escenario complejo, no en virtud de la polarización política, que siempre ha existido, sino a la confrontación ideológica entre los ciudadanos del común, entre los que vivimos la historia, contra quienes les echaron un cuento.
Después de décadas, con miles de muertos y heridos de un bando y del otro —además de pobladores, que por mala fortuna estuvieron en medio— la democracia, (esa misma que los enfrentó y que les ofreció la paz) le entrega a una rencorosa izquierda la dirección de nuestra hermosa nación y el control de uno de los países más ricos del continente. Así, quienes en otrora fueran cabecillas del más alto nivel de la insurgencia, hoy ocupan curules en el Congreso y suman sus esfuerzos a los de otras organizaciones que, desde la vida civil y política, los apoyaron y fueron afines a su lucha en el monte.
Por su parte, el revolucionario del M-19 —quien, después de más de 40 años de vida pública, siendo militante activo y después de abandonar las armas en 1990, era elegido presidente de todos los colombianos— no lo entendió así, ni siquiera después de cuatro años de gobierno. La toma del poder se había producido de una forma sutil, civilista, democrática: sin el desfile de hordas armadas, montadas sobre vehículos militares como trofeos de guerra, sin grandes manifestaciones en las calles y sin juicios revolucionarios para los perdedores. Esto ocurrió de manera muy distinta a lo que se vivió en Cuba, en Nicaragua o en cualquier otra nación de las muchas que sucumbieron al ímpetu de la revolución en los años 50, 60 y 70 del siglo pasado.
La victoria electoral puede estar donde nadie está mirando
Carta abierta de un abelardista a todos los colombianos
Cuando el ego ocupa el lugar de Colombia
Freno al bloqueo del Banco de la República
Hoy los colombianos estamos sordos, ciegos y mudos
El decálogo de Petro - Cepeda
La central que cambia el modelo
La amplia experiencia de Petro, acumulada en su vida como concejal, personero, alcalde y senador, debió haberse reflejado en un conocimiento profundo del funcionamiento del Estado y en la estructuración........
