El profundo cisma que enfrenta al Pentágono contra el Vaticano
Visto desde el exterior, no se percibe la metamorfosis de Estados Unidos. En 4 meses, ese país ha cambiado de ideología política (sus dirigentes ya no son “jacksonianos”), de doctrina militar (ya no aplica la estrategia “Rumsfeld-Cebrowski”) y también ha cambiado de fe (ya no cree en el pluralismo religioso). Hoy iniciamos la publicación de un estudio sobre esta mutación, que nos obliga a revisar a fondo nuestra percepción de ese país.
El 9 de enero de 2026, el papa León XIV presentaba sus votos de Año Nuevo a los embajadores acreditados ante la Santa Sede. Aquel día declaró: «En estos tiempos, la debilidad del multilateralismo en el plano internacional es particularmente preocupante. Una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos se ve reemplazada por una diplomacia a través de la fuerza, de individuos o de grupos aliados. La guerra vuelve a estar de moda y un fervor guerrero gana terreno. Se ha violado el principio establecido después de la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras de otros [1]. Ya no se busca la paz como un don y un bien deseable en sí “en la búsqueda de un orden deseado por Dios, que implica una justicia más perfecta entre los hombres” [2], sino que se busca [la paz] a través de las armas, como condición para afirmar su propia dominación. Esto amenaza gravemente el Estado de derecho, que es la base de toda coexistencia civil pacífica.» [3]
Aquel discurso no fue precisamente del agrado del secretario de la Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, sionista cristiano, miembro de la Comunión de las Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), la secta del pastor Douglas Wilson. Pete Hegseth venía reformando el Pentágono desde el 30 de septiembre de 2025, destituyendo oficiales que habían sido nombrados según los términos de la ideología woke y de las reglas “diversidad, equidad e inclusión” (DEI) [4].
Hegseth cuestionaba incluso el papel del grupo denominado The Family, el International Christian Leadership, en pleno corazón del Pentágono. Esta asociación de capellanes militares de todas las confesiones fue creada en 1953 por el pastor metodista Abraham Vereide y, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en la principal justificante de la guerra fría, presentada como la lucha de los ejércitos de Estados Unidos, defensores de la Fe, contra los ejércitos comunistas ateos. Hasta el año pasado, todos los jefes de estado mayor fueron miembros de la “La Familia”, al igual que numerosos políticos, no sólo estadounidenses sino también aliados [5]. Durante 73 años, tuvo como vocero al pastor Billy Graham. Fue así como Billy Graham llegó a convertirse en consejero espiritual de 12 presidentes estadounidenses, desde Harry Truman (1945-1953) hasta Barack Obama [6]. Hasta el presidente del Senado de Francia, Alain Poher (1968-1993), llegó a rezar con “The Family”.
En todo caso, el 22 de enero pasado, el secretario de la Guerra convocó al Nuncio Apostólico en Washington, el cardenal francés Christophe Pierre. En principio, sólo los ministros de Relaciones Exteriores tienen potestad para convocar al embajador de la Santa Sede. Pero no fue el secretario Hegseth quien recibió al prelado, sino su segundo, Elbridge Colby.
Ya es de público conocimiento que a Pete Hegseth le preocupa más la guerra cultural contra el movimiento woke que los asuntos militares. Su segundo a la cabeza del Pentágono, Elbridge Colby, está a cargo de la estrategia de los ejércitos estadounidense. Elbridge Colby es un católico, nieto de William Colby, quien fue director de la CIA bajo el presidente Nixon y Caballero de la Orden de Malta. Elbridge Colby desempeñó un papel central en el primer mandato presidencial de Donald Trump y es el autor de un libro titulado The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict (“La estrategia de la negación: la defensa estadounidense en la era de los conflictos entre grandes potencias”) [7], donde explica que, para ser libre, Estados Unidos tiene que impedir que otro país llegue a ser más poderoso. Elbridge Colby desarrolla en ese libro una estrategia destinada a parar el desarrollo de China, pero no haciéndole la guerra directamente sino haciéndole la guerra a sus proveedores de energía y de materias primas.
Al recibirlo, Elbridge Colby explicó a Su Eminencia Christophe Pierre que la Santa Sede debía saber........
