La izquierda, los sindicatos y las organizaciones de masas
Resumen: Los principales puntos planteados en este documento
Los países de Oriente Medio y el Sur Global que viven bajo regímenes autoritarios comparten una única crisis estructural: una debilidad grave y crónica que afecta a sus organizaciones de masas, sindicatos, movimientos feministas y sindicatos estudiantiles, y que se extiende para socavar asimismo la coordinación entre las propias fuerzas de izquierda. Este documento examina esta crisis a través de la experiencia iraquí como una realidad vivida y directa, extrayendo de ella lecciones y preguntas relevantes para contextos similares en la región y en el Sur Global.
El documento también se nutre en parte de una experiencia directa de campo que data del verano de 1992, cuando el esfuerzo por construir un sindicato de trabajadores desempleados en la Región del Kurdistán se enfrentó a una pregunta fundamental que sigue siendo urgente hasta el día de hoy: ¿construimos una amplia organización de masas que represente los intereses de todos, o una fachada ideológica que estrecha su propia base antes incluso de despegar?
El enfoque de construir sindicatos y organizaciones de masas estrechamente vinculados a estructuras partidarias ha producido un panorama caracterizado por una proliferación de pequeñas organizaciones, energías dispersas y una efectividad de masas real cada vez menor. Este enfoque estuvo históricamente justificado durante períodos de represión severa, cuando las condiciones de opresión hacían de la organización centralizada una necesidad absoluta.
No obstante, la revolución digital y los nuevos cambios en la forma en que las personas piensan y se organizan, en particular entre las generaciones más jóvenes criadas en una cultura de organización horizontal y participación directa, exigen ahora una reconsideración fundamental de este enfoque.
A esto deben sumarse desafíos estructurales más profundos, en particular la naturaleza rentista de la economía, que restringe el espacio para la organización sindical independiente, y el papel de ciertas organizaciones donantes internacionales en la promoción de modelos de “sociedad civil” que evitan cuestionar las estructuras económicas centrales y debilitan los sindicatos con orientación de clase.
En contraste con este diagnóstico, el documento se apoya en experiencias sindicales efectivas de Túnez, Brasil, Sudáfrica, India y Dinamarca, que en su conjunto demuestran que las organizaciones de masas y los sindicatos independientes, cuando están genuinamente arraigados en sus bases sociales y liberados de la afiliación partidaria estrecha, pueden actuar como palancas reales de cambio social y político en momentos decisivos.
Este documento sostiene que la renovación de la izquierda y la construcción de su verdadera fortaleza popular requieren una reconsideración fundamental que descanse sobre tres pilares complementarios: en primer lugar, construir sindicatos progresistas independientes, federaciones y organizaciones de masas fundamentados en convenciones internacionales de derechos humanos, derechos laborales y derechos de las mujeres, antes que en programas de partido; en segundo lugar, la participación activa de individuos de izquierda dentro de estas organizaciones como personas comprometidas con los intereses de sus sectores y no como representantes de sus partidos; y en tercer lugar, construir amplios marcos de coordinación y alianza entre las diversas fuerzas de izquierda que trasciendan las diferencias ideológicas secundarias hacia un proyecto unificado de cambio que abarque partidos de izquierda y progresistas, organizaciones, sindicatos y movimientos de masas.
Este documento no pretende ofrecer una receta lista para usar ni una hoja de ruta completa. Los detalles de implementación y los mecanismos para comenzar requieren un diálogo colectivo abierto entre las fuerzas de izquierda, el movimiento sindical y las propias organizaciones de masas. En esencia, esta es una invitación a abrir ese diálogo y nutrirlo con preguntas serias.
Para el texto completo y más detalles, continúe leyendo a continuación.
De la necesidad histórica a las preguntas de reconsideración y renovación
La izquierda en la mayoría de los países de Oriente Medio y el Sur Global que viven bajo regímenes autoritarios padece un problema estructural común, que se manifiesta en la debilidad grave y crónica y la fragmentación que afecta a las organizaciones de masas, en particular los sindicatos, las federaciones profesionales, las organizaciones feministas y los sindicatos estudiantiles.
Estos regímenes han generado, en contextos similares, condiciones opresivas que empujaron a las fuerzas de izquierda a adoptar formas de organización estrechamente centralizadas bajo el peso de la represión y la persecución. Esto produjo un enfoque basado en la construcción de sindicatos clandestinos y en ocasiones semipúblicos y organizaciones de masas estrechamente vinculados a los partidos políticos, a costa de su independencia y de su capacidad para abrazar bases sociales más amplias.
Las experiencias comparativas en estos contextos revelan que cuando la izquierda aprieta su control sobre sus organizaciones de masas y las convierte en extensiones de su estructura partidaria, puede ganar coherencia ideológica interna e influencia, aunque arriesga perder algo mucho más valioso: el peso social genuino capaz de movilizar a las personas en los momentos decisivos.
La justicia exige reconocer que el modelo del sindicato afiliado al partido y la organización de masas no fue erróneo en todas las circunstancias. Desempeñó un papel central en ciertas fases históricas que no pueden negarse, particularmente durante períodos de crecimiento de la izquierda y ascenso de las masas, cuando la centralización organizativa era una necesidad impuesta por las realidades represivas y por la necesidad de mantener la cohesión y proteger a los cuadros. Los sindicatos y federaciones afiliados de esas fases pudieron servir como incubadoras eficaces para el trabajo sindical y de masas en condiciones de extrema dificultad.
Con todo, el tiempo ha cambiado de manera fundamental, y con él los mecanismos del pensamiento y la organización de masas. Las personas de hoy, en especial las nuevas generaciones criadas en una cultura de acceso instantáneo a la información, organización horizontal y participación directa en la toma de decisiones, ya no aceptan ser movilizadas al servicio de una agenda partidaria específica, por más sinceras que sean sus intenciones.
El poder popular real hoy no se construye mediante decretos organizativos; se construye mediante el arraigo en la vida cotidiana de las personas y mediante la representación honesta y efectiva de sus intereses, independientemente de sus afiliaciones intelectuales o políticas.
Esta lectura busca estimular un debate serio en torno a la necesidad de revisar el modelo del “sindicato afiliado y la organización de masas lealista”, y explorar un modelo alternativo que descanse sobre tres pilares complementarios: en primer lugar, construir sindicatos progresistas genuinamente independientes, federaciones y organizaciones de masas fundamentados en convenciones internacionales antes que en programas de partido; en segundo lugar, la participación activa de individuos de izquierda dentro de estas organizaciones como personas comprometidas con los intereses de sus sectores antes que como representantes de sus partidos; y en tercer lugar, construir amplios marcos de coordinación y alianza entre las diversas fuerzas de izquierda que trasciendan las diferencias ideológicas secundarias hacia un proyecto unificado de cambio.
Este documento examinará el caso iraquí como una experiencia vivida y directa, antes que como un modelo teórico abstracto, extrayendo de él lecciones y preguntas relevantes para contextos similares en la región y en el Sur Global. En Irak específicamente, este problema se manifiesta de manera aguda, pues las fuerzas de izquierda se vieron obligadas a lo largo de la mayor parte de su historia a operar bajo regímenes dictatoriales sucesivos, en particular el régimen baasista que gobernó el país entre 1968 y 2003, generando un legado organizativo cuya sombra sigue proyectándose sobre el presente.
Las nuevas condiciones que siguieron a las transformaciones políticas y la caída de aquella dictadura, y la existencia de un margen relativo de libertades y actividad pública pese a la autoridad de las milicias religiosas y nacionalistas, llaman ahora a una reconsideración calmada y constructiva de este enfoque, y a una reflexión seria sobre modelos organizativos más abiertos e independientes, capaces de abrazar bases sociales más amplias y representar sus intereses con mayor profundidad y honestidad.
Esta reconsideración cobra mayor importancia cuando recordamos la amarga experiencia con los sindicatos amarillos manipulados políticamente, es decir, sindicatos creados o controlados por regímenes dictatoriales para servir a sus propios fines, durante los períodos dictatoriales en Irak y en toda la región, donde fueron transformados en instrumentos de control y sometimiento antes que en representaciones de los intereses de las personas.
Este legado sigue vivo en la memoria colectiva. Las autoridades gobernantes en Bagdad y en la Región del Kurdistán continúan siguiendo el mismo patrón con sus sindicatos oficiales lealistas, lo que hace de la presentación de un modelo alternativo fundamentado en la independencia genuina, el liderazgo colectivo, la democracia interna y el pluralismo intelectual una necesidad urgente para restaurar la confianza popular y ampliar la esfera de influencia.
De la afiliación orgánica a la independencia
Después de 2003, la mayoría de las organizaciones de izquierda se afanaron en mantener y establecer sus propios sindicatos, federaciones y organizaciones. Esto condujo con frecuencia a una proliferación de organizaciones y sindicatos dentro del mismo sector y, en algunos casos, resultó en organizaciones duplicadas dentro de un mismo partido como consecuencia de divisiones internas o de la competencia por roles en la masa. El resultado fue un panorama de masas caracterizado por energías........
