¿Síndrome de Babel? No, saqueo y coerción de clase
¿Cuántos siglos habrán de transcurrir para que la Iglesia pida perdón por su contribución con la misión de preservar el orden vigente, que implica reconocer como legítima la propiedad privada y como necesaria (o por lo menos inevitable) la coerción de clase?
Para dar respuesta a esta pregunta habría que situar en tiempo la desaparición de la sociedad de clases.
La Iglesia es un instrumento de dominación y esta condición es parte de su esencia misma. En la sociedad de clases, se identificará siempre con los sectores dominantes, manejando acuerdos y desacuerdos con grupos y facciones y llamando a una conciliación que es la aparente búsqueda del consenso para garantizar, en el mundo real, la continuidad del sometimiento.
La encíclica Magnifica Humanitas (en español, Magnífica Humanidad), la primera emitida por el papa León XIV, debe ser leída entre líneas e interpretada colocando más allá de lo aparente la declaración de amor hacia los pobres compartiendo la mesa con los magnates y el juramento de caminar junto a las víctimas mientras se encubre la cadena de tropelías de los victimarios.
León XIV, un estadounidense de 71 años cuyo nombre es Robert Francis Prevost, destaca la madurez de la doctrina de la Iglesia y reconoce que, durante muchos años, la Iglesia aceptó la esclavitud. En la página 176 de su encíclica, concluye: “Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillación que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin límites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Señor. Por eso,........
