De lo abstracto a lo concreto (en defensa de Marx)
En este artículo el autor refuta algunas de las ideas que sostuvo Sacristán en su obra.
He estado estudiando dos capítulos del libro Sobre dialéctica de Manuel Sacristán titulados La metodología de Marx y ¿Qué es la dialéctica? También he leído su reflexión sobre El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia. Mi impresión general es que Sacristán habla del pensamiento de Marx y del pensamiento de Hegel con un tono de superioridad que no se corresponde con lo que después demuestra. En su texto el mundo en su concreción desaparece. Lo más concreto de lo que habla es de un perro que se llama Boby. Pero este perro es un perro abstracto, y lo pone como ejemplo de un movimiento teórico que va de un perro individual al género mamífero. Sacristán no se percata que el ejemplo que pone, el perro Boby es un mamífero, supone un cambio en el objeto del conocimiento, su ejemplo pertenece a la lógica del juicio y no a la economía política. Después detallaré mi crítica a este ejemplo.
Sacristán nos habla de El Capital, de los Grundrisse y de Las teorías sobre la plusvalía. Pero no habla de un solo capítulo ni de un solo concepto de esas obras teóricas de Marx. Solo nos dice cuál es su impresión general. Pero eso no tiene nada de riguroso ni de metódico. No podemos tomarnos como ciertas y válidas opiniones que no son exhaustivas ni detalladas. Además, es muy dado a proporcionarnos juicios aislados supuestamente de Marx y de Hegel. Pero en materia de proporcionar citas de esos dos pensadores no es nada riguroso ni preciso. Y nos proporciona la siguiente definición de método: “Por método normalmente entendemos un conjunto de operaciones seriado, repetible, operaciones ordenadas y repetidas”. Una definición extremadamente formal. Según Sacristán por método solo entenderíamos el método de la Lógica matemática. Pero esto no es así. La lógica y el comportamiento metódico están en todo. En todos los trabajos hay lógica y método. En la captura de Maduro por parte del gobierno de EEUU hay lógica y método, como lo hay en el juego de la Bolsa, en la guerra y en los intercambios comerciales. No se puede pretender que la Lógica matemática sea el paradigma de la teoría del conocimiento, del método y de la lógica. Métodos los hay de muchos géneros; y, de todos modos, el estudio y análisis del método no es suficiente para explicar cómo se elaboran las teorías.
Para que el lector no piense que este tema es muy complicado y que hay que tener una mente especial o privilegiada para comprenderlo, le recomiendo que sustituya los términos abstracto y concreto por los términos simple y complejo, pues son más fáciles de entender. También le digo que lo abstracto no es una cosa vacía e indeterminada, sino que lo abstracto también tiene determinaciones. Pero hay más: lo que desde un punto de vista se presenta como abstracto, bajo otro punto de vista se presenta como concreto. El presente trabajo contiene un total de veintinueve secciones. No constituyen una unidad. El concepto de valor de uso aparece en varias secciones. He preferido recurrir siempre al concepto de valor de uso porque es más fácil de entender que el concepto de valor. Trato con este trabajo que el lector conozca mejor el pensamiento de Marx, Engels y Hegel, pero también el de Wittgenstein, Luria y Einstein. Algunas citas son un poco extensas, pero no me ha quedado otro remedio. Como dije antes, si queremos conocer relativamente bien el pensamiento de los otros, es necesario ser exhaustivo y entrar en ciertos detalles.
Un edificio en construcción
Pongo este ejemplo analógico con el fin de que el lector no se pierda y tenga una representación precisa de los conceptos “abstracto”, “simple”, “concreto”, “complejo”, “relación unilateral abstracta” y “todo concreto y vivo”. Cuando se hace un edificio se empieza por los cimientos y a continuación se levantan las columnas. Las columnas podemos considerarlas como partes abstractas o partes simples del todo edificado. Después se ponen las vigas, que son también elementos simples. Pero como las vigas van enlazadas con las columnas, su conjunto ya representa cierto grado de concreción. La concreción debemos considerarla como un proceso. Concebir las cosas como procesos es un rasgo fundamental del pensamiento dialéctico. Después se emplean bloques para hacer el suelo y las paredes. Luego se ponen ventanas, puertas, desagües, cañerías y el sistema eléctrico. Cada uno de estos factores es una parte abstracta o un elemento simple. Supongamos, para no cansar al lector con más detalles, que el edificio está ya acabado y listo para ser habitado. Cuando llegan sus usuarios, ponen los muebles, y compran vestimenta, calzado, productos de limpieza y alimentos. De manera que los usuarios entran en contacto con los comercios de la zona, con supermercados, con restaurantes y terrazas, con avenidas y calles. También haciendo uso de su automóvil se trasladan al norte, centro y sur de la isla de Gran Canaria, por ejemplo. Y también viajan entre islas mediante barcos (puertos) y a la península mediante aviones (aeropuerto). De ahí que, siguiendo la categorización de Marx, llamaremos al edificio un concreto de múltiples determinaciones y vivo.
Pero este edificio está interrelacionado con el todo urbano al que pertenece, con el que mantiene una relación unilateral abstracta. Supongamos que ese todo urbano sea Las Palmas de Gran Canaria. En dicha ciudad podemos destacar los mojones o referencias principales: La playa de las Canteras, el auditorio Alfredo Kraus, el bulevar de Mesa y López, la Catedral de Santa Ana, el barrio histórico de Vegueta y la calle comercial de Triana. En esta ciudad seguramente habrá decenas de miles de inmuebles, y miles de kilómetros de carretas y aceras, además de plazas y parques. De ahí que nuestro edificio, aquel del que detallamos su construcción, en relación con el todo urbano al que pertenece sea un elemento simple o una parte abstracta. Así que el edificio en relación con los elementos que lo constituyen es un concreto de múltiples determinaciones, pero en relación al todo urbanístico al que pertenece es un abstracto o un elemento simple. Ahora, en este último caso, el concreto es el todo urbanístico, el municipio al que pertenece el edificio. De lo que concluimos que la condición de abstracto o concreto no son formas lógicas fijas, sino que depende de la posición en la que se encuentre un ente en relación a las partes que lo constituyen o en relación a la totalidad a la que pertenece. Y, por último, vemos que en el mundo de la construcción se va de lo abstracto a lo concreto, o de lo simple a lo complejo. De manera que resulta de lo más razonable que si este ocurre en el ámbito de la práctica, deba ocurrir del mismo modo en el ámbito de la teoría.
Hegel y las ideas vagas según Sacristán
En su trabajo La metodología de Marx, Sacristán hace estas dos afirmaciones sobre el pensamiento de Hegel: “Ahora bien, Hegel se fija en que cuando empezamos a comprender un fenómeno empezamos con ideas imprecisas, diría él”. A continuación, pone el ejemplo de cómo podríamos conocer el Congo supuestamente según el proceder de Hegel. Y a este respecto Sacristán afirma lo siguiente: “Esta descripción se puede admitir si uno admite ya un prejuicio previo idealista, a saber, que lo general es vago”. Yo no sé de dónde extrae Sacristán esta idea, pues tiene la costumbre de no citar, sino de afirmar lo que él piensa sobre un determinado pensador, como es el caso de Hegel, sin presentar la prueba documental correspondiente.
En su obra Fenomenología del espíritu, la más abstracta de las obras de Hegel junto con la Ciencia de la Lógica, Hegel se expresa en los siguientes términos: “El saber, que es ante todo o de modo inmediato nuestro objeto, no puede ser sino aquello que es él mismo saber inmediato o de lo que es. (…) El contenido concreto de la certeza sensible hace que este se manifieste de un modo inmediato como el conocimiento más rico e incluso como un conocimiento de riqueza infinita a la que no es posible encontrar límite si vamos más allá en el espacio y en el tiempo en que se despliega, como si tomásemos un fragmento de esta plenitud y penetrásemos en él mediante la división. Este conocimiento se manifiesta, además, como el más verdadero, pues aún no ha dejado a un lado nada del objeto, sino que lo tiene ante sí en toda su plenitud”.
Aconsejo al lector que se suba a una loma y contemple su ciudad portuaria y disfrute de todo lo que ve: edificios, parques, carreteras, raudos automóviles, transeúntes, barcos atracados, una pequeña playa y sus bañistas, y un mar y un cielo azules inmensos. Eso es la certeza sensible. Hegel toma como punto de partida ese saber inmediato que usted tiene en la loma desde donde ve la ciudad. Y con respecto a este saber, Hegel dice lo siguiente: “este saber es inmediato, es un saber de riqueza infinita, y es lo más verdadero; pues como todavía no ha puesto en marcha su pensamiento reflexivo, no ha dejado nada atrás de la situación objetiva que contempla”.
Así que no es cierto lo que dice Sacristán. Hegel no inicia su Fenomenología del espíritu, como ninguna de sus obras teóricas, a partir de ideas imprecisas, como tampoco entiende lo general como conocimiento vago. Todo lo contrario: empieza con el saber inmediato. Y si algunos de los seguidores de Sacristán piensan que yo estoy equivocado, que nos digan en qué libro Hegel hizo esas supuestas afirmaciones que le atribuye Sacristán. Hegel, estimados lectores, es un pensador de un rigor y precisión máximos, y en sus ideas de sus magnos libros no hay nunca vaguedad ni imprecisiones.
Alusión de Sacristán a Aristóteles
En su trabajo La metodología de Marx, refiriéndose a Aristóteles, Sacristán se expresa en los siguientes términos: “En la física y en la ontología aristotélica se explica que un cuerpo cambia diciendo que todo ente, todo cuerpo finito, es un cuerpo de parejas de factores, materia-forma, esencia-accidente, y también potencia y acto. Entonces que un cuerpo pase de un estado A a un estado B consiste en que el estado B, que estaba en potencia en él, actualiza A. ¿Qué valor explicativo tiene una conceptualización así? Ninguno seguramente. Lo que sí hace es codificar en un lenguaje normal experiencia cotidiana no científica, experiencia directa, vulgar, y eso da lugar a metáforas como esta de potencia-acto o de materia y forma aristotélica”.
Antes que nada, he de decir que me sorprende esta forma tan despreciativa con la que habla Sacristán del pensamiento de Aristóteles, otro de los grandes filósofos de todos los tiempos. Pero cuando Sacristán critica el pensamiento de Aristóteles, no elabora argumento alguno, no elabora concepto alguno, solo hace afirmaciones como las siguientes: las conceptualizaciones de Aristóteles no tienen valor explicativo; y Aristóteles codifica en un lenguaje normal experiencias cotidianas no científicas, y eso da lugar a metáforas como potencia y acto y materia y forma. Pregunta: ¿Por qué la pareja potencia-acto no tiene valor explicativo alguno y por qué es una metáfora? Respuesta sencilla: porque Sacristán lo afirma. Sería importante saber por qué ciertas experiencias que la ciencia todavía no ha estudiado se transforman en metáforas. Lo de decir que ciertos pensamientos de grandes pensadores clásicos son metáforas es una simple operación nominativa. Las teorías presuponen ciertos conceptos básicos y ciertas premisas básicas, sobre los cuales encadenar juicios y formar razonamientos, para, por último, extraer conclusiones lógicas, pero Sacristán no hace nada de esto.
Qué diferente es la actitud de Marx cuando habla de Aristóteles. En la sección dedicada a la forma de equivalente en El Capital, dice Marx lo siguiente:
“Las dos últimas particularidades de la forma de equivalente (que el trabajo concreto se convierte en forma fenoménica de su opuesto, trabajo humano abstracto; y que el trabajo privado devenga la forma de su opuesto, trabajo en forma social directa) son aún más comprensibles si volvemos al gran investigador que analizó por primera vez la forma del valor, igual que tantas formas del pensamiento, sociales y naturales. Se trata de Aristóteles.
En primer lugar, Aristóteles dice claramente que la forma de dinero de la mercancía no es más que la figura más desarrollada de la forma simple del valor, o sea, de la expresión de valor de una mercancía en otra mercancía cualquiera, pues escribe: “5 camas = 1 casa no se distingue de 5 camas = tanto dinero”. Percibe, además, que la relación de valor supone, por su parte, que la casa se equipara cualitativamente a la cama, y que estas cosas, sensiblemente distintas, no pueden compararse entre sí como magnitudes conmensurables sin esa igualdad de esencia. El cambio, dice Arsitóteles, no puede suceder sin la igualdad, ni la igualdad puede realizarse sin la conmensurabilidad”.
Aquí Marx defiende el pensamiento de Aristóteles con conceptos y argumentos, y por haber sido el primero en investigar la forma de valor, incluso por haber descubierto dos de las tres particularidades de la forma de valor equivalente de la mercancía. Aquí, como en todos los aportes de Marx, aprendemos, y aprendemos en profundidad tanto la naturaleza del mundo como la del pensamiento.
Vayamos ahora por la pareja de contrarios “en potencia” y “en acto”. En el capítulo titulado I. El ciclo del capital monetario del tomo I del libro II de El Capital, Marx se expresa en los siguientes términos: “Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción, sus factores serán siempre los obreros y los medios de producción. Pero tanto unos como otros solo lo son en potencia en su estado de mutua separación. Para que en general se produzca, tienen que unirse. El modo peculiar en que se realice esta unión es lo que distingue las diferentes épocas económicas de la estructura social. En el caso presente, la separación del obrero libre respecto de sus medios de producción constituye el punto de partida dado, y ya hemos visto cómo y en qué condiciones se unen ambos en manos del capitalista, a saber, como modo productivo de existencia del capital”. Todo lo dicho aquí por Marx es una verdad científica que pertenece a una esfera de saber determinada: la economía.
Pregunta: ¿El hecho de que Marx utilice de forma explícita el concepto de “en potencia” y de forma implícita el concepto de “en acto” disminuye en algo la naturaleza científica de esta verdad? Respuesta: no. Todo lo contrario: enriquece y fortalece a esta verdad. Cuando las trabajadoras y trabajadores están en paro, esto es, separados de los medios de producción, son solo trabajadoras y trabajadores en potencia. Solo cuando las trabajadoras y trabajadores son contratados y entran en contacto con los medios de producción, las trabajadoras y los trabajadores son en acto. Por lo tanto, los conceptos en potencia y en acto tienen un gran valor explicativo. Nos enriquecen, nos proporcionan herramientas conceptuales para defender mejor nuestros intereses de clase, y al menos en el terreno mental nos hacen más libres.
¿Por qué Sacristán considera que los conceptos en potencia y en acto carecen de valor explicativo? La respuesta es clara y directa: en vez de poner un ejemplo concreto donde apreciar y medir el valor explicativo de dichos conceptos, como hace Marx, recurre a un medio formal y abstracto, y dice: “que un cuerpo pase de un estado A a un estado B consiste en que el estado B, que estaba en potencia en él, actualiza A”. Pero A y B son puros símbolos que no dicen nada. No sabemos de qué habla Sacristán, mientras que sí sabemos de lo que habla Marx: de la relación de las trabajadoras y trabajadores con los medios de producción.
Vayamos ahora a por la pareja de contrarios materia y forma. En el capítulo titulado El proceso de trabajo de la sección tercera del tomo I del libro I de El Capital, Marx dice lo siguiente: “Al final del proceso de trabajo se obtiene un resultado que existía ya al comienzo del mismo en la imaginación del obrero en forma ideal. No solo es que efectúe un cambio de forma en el elemento natural…”. En todo proceso de trabajo manufacturero se produce un cambio de forma de la materia. El panadero pone en la amasadora harina, levadura y sal. Luego la vuelca en una máquina que la divide en piezas de 100 gramos, por ejemplo, y después la bolea. Ya se produce un primer cambio de forma. Después una operaria le hace un pequeño corte en la parte superior con una cuchilla. Ya se produce un segundo cambio de forma. Luego, se pone en carros en la cámara de fermentación. Se produce un tercer cambio de forma. Y, por último, los panes fermentados se ponen en el horno y se cocinan. Se produce ahora el cuarto y último cambio de forma. Y esto que ocurre en esta industria ocurre en todas las industrias y en todos los trabajos artesanales: continuos cambios de forma de los materiales. Y esto es una verdad económica, y no como dice Sacristán una metáfora. El error de Sacristán es que no pone ejemplos concretos donde medir la validez de sus afirmaciones, sino que se limita a formular juicios muy formales. Y cuando uno se vuelve muy formal, los juicios se vacían de contenido.
Sobre el uso de la categoría “metáfora”
Sacristán cataloga como metáforas ciertos pensamientos de Marx, de Engels y de Aristóteles, con el propósito de su descatalogación científica. Pero si Sacristán quiso ser lógico y metódico, como continuamente anuncia, debió haber elaborado previamente el concepto de metáfora antes de ponerlo en circulación. Y esa elaboración debió realizarla en el ámbito de la Lingüística y después, tal vez, en el ámbito de la Filosofía del Lenguaje. Pero no lo hizo. Hay que saber que las metáforas son una especie del género “ejemplo analógico”. Si hubiera indagado en la naturaleza de las metáforas y de los ejemplos analógicos, hubiera comprobado que en ocasiones son necesarios y útiles. También pudo haber reflexionado sobre los límites cognitivos de las metáforas. Pero no hizo nada de eso. Según mi propia experiencia teórica, lo que Sacristán cataloga como metáforas no lo son. De todos modos, y repito, no es lógico que un teórico emplee una categoría sin haberla elaborado previamente, puesto que, si no conocemos el contenido conceptual en sentido estricto y en sentido desarrollado del concepto de “metáfora”, no sabremos si lo que Sacristán cataloga como metáfora es en verdad una metáfora.
Ya que Sacristán hace tantas alusiones a la lógica, procedamos entonces con lógica en esta materia. Por lo menos establezcamos las diferencias básicas. En toda metaforización hay que distinguir dos cosas: el objeto metaforizado y la metáfora. Pero Sacristán no nos habla para nada del objeto metaforizado, solo de la metáfora. Y si no sabemos cuál es el objeto metaforizado, no podremos saber, uno, si la metáfora es necesaria, y, dos, si la metáfora mejora o empeora la representación que tenemos del objeto metaforizado. Dicho de forma más corriente: si Sacristán dice que tal pensamiento o categoría son metáforas, la pregunta es sencilla: ¿de qué son metáforas ese pensamiento y esa categoría? Pero en su planteamiento aquello de lo que tal pensamiento o categoría son metáforas, no es presentado. Y así no podemos saber si lo afirmado por Sacristán es verdadero o falso.
Ahora les pondré un ejemplo de metáfora empleado en el mundo del fútbol y dos ejemplos de analogías contenidos en El Capital. Mbappé es un francés que juega de delantero centro en el Real Madrid. Tiene la tendencia a escorarse a la izquierda, como si fuera extremo izquierdo y no delantero centro. La causa está en que cuando jugaba en el Mónaco y otros equipos franceses, siempre jugaba por el lado izquierdo de la delantera. Pues bien, un comentarista, mientras narraba un partido de fútbol, dijo lo siguiente: la cabra siempre tira al monte; y Mbappé siempre tiende a irse a la izquierda. El objeto metaforizado es Mbappé jugando de delantero centro escorándose a la izquierda, y la metáfora es “la cabra tira al monte”. ¿Beneficia o perjudica esta metáfora para representarnos mejor el comportamiento futbolístico de Mbappé? Lo beneficia: fortalece la idea de que Mbappé tiende a escorarse a la izquierda de forma natural, instintiva, como la cabra de forma natural e instintiva tira al monte.
Vayamos a por el primer ejemplo de analogía. Marx afirma que cualquiera que sea la relación de cambio, siempre se puede representar por medio de una ecuación donde se equiparan dos mercancías. Por ejemplo: 1 metro de tela = 5 kilos de trigo. Marx se pregunta: ¿Qué nos dice esta ecuación? Y responde: que, en dos cosas diferentes, 1 metro de tela y 5 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Por consiguiente, las dos son iguales a una tercera, que, en y de por sí, no es la una ni la otra. Cada una de las dos debe ser reducible, en cuanto valor de cambio, a la tercera. Y a continuación recurre al ejemplo analógico: “Un simple ejemplo geométrico puede darnos una idea de esto. Para determinar y comparar la superficie de todas las figuras geométricas se las descompone en triángulos. Se reduce el triángulo mismo a una expresión totalmente distinta de su figura visible, el semiproducto de su base por la altura. De igual modo se pueden reducir los valores de cambio de las mercancías, a algo común a ellos, y de lo cual representan una cantidad mayor o menor”.
Donde en el ejemplo analógico tenemos las figuras geométricas visibles unas distintas de otras, en el mundo de las mercancías tenemos sus valores de uso distintos unos de otros; y donde en el ejemplo geométrico tenemos el semiproducto de la base por la altura de los triángulos, en la relación de cambio entre las mercancías tendremos el valor. Después Marx nos advierte que lo que hay de común en la relación de cambio entre mercancías “no puede ser una propiedad física, química o cualquier otra propiedad natural”. ¿Para qué sirve el ejemplo analógico? Para demostrar que el problema con el que se enfrenta Marx en el análisis de la naturaleza del valor, también se da en el mundo de la geometría. Así enriquecemos nuestra representación y disponemos de un ejemplo geométrico que ilustra a qué clase de problema teórico nos enfrentamos.
Vayamos ahora a por la segunda analogía. En la sección dedicada a la forma de equivalente, en el tomo I del libro I de El Capital, Marx dice lo siguiente: “La primera particularidad que resalta en la observación de la forma de equivalente es esta: el valor de uso se convierte en forma fenoménica de su opuesto, del valor”. Para que lector no tenga dificultad en entender esta idea por causa de la expresión “fenoménica”, nos limitaremos a decir que el valor de uso se presenta como forma del valor; quitamos la expresión “fenoménica”. Los marxistas, guiados por Marx, concebimos las cosas como proceso, de manera que cuando hablamos del dinero no hablamos del dinero tal y como se presenta en la actualidad, como dinero papel, sino que hablamos del dinero durante todo el proceso de gestación: desde que era una simple mercancía hasta que se convirtió primero en dinero oro, y luego en dinero papel, signo de valor.
Hasta los economistas convencionales cuando hablan del precio de una mercancía, afirman que es la expresión del valor de dicha mercancía. No entramos en discusión acerca de qué entiende por valor un economista convencional y qué entiende un marxista. En la ecuación 1 traje = 20 kilos de trigo podemos preguntar: ¿cuánto vale 1 traje? Y respondemos: 20 kilos de trigo. Luego 20 kilos de trigo es el valor de 1 traje. Así que los 20 kilos de trigo, que sensiblemente es una cantidad determinada del valor de uso trigo, se presenta como valor. Esta es la primera particularidad de la forma de equivalente: el valor de uso se convierte en forma del valor.
Ahora viene el ejemplo analógico: “Como cuerpo, un pan de azúcar es pesado y tiene, por tanto, un peso, pero no se puede ver ni tocar el peso de ningún pan de azúcar. (Del mismo modo 1 traje tiene un valor, pero no se puede ver ni tocar el valor de 1 traje). Tomemos ahora diversos trozos de hierro, cuyo peso se ha determinado previamente. La forma corpórea del hierro es la forma de existencia de la gravedad, también lo es la del pan de azúcar. Sin embargo, para expresar el pan de azúcar en términos de gravedad, lo colocamos en una relación de peso con el hierro. (Para expresar el valor de 1 traje, lo ponemos en relación de valor con 20 kilos de trigo. Ninguna mercancía puede expresar su valor en sí misma, siempre tiene que hacerlo en otra mercancía). Como valores, 1 traje y 20 kilos de trigo, son iguales, pero como valores de uso son cualitativamente distintos. En esta relación el hierro figura como cuerpo que no representa nada más que gravedad. (En esta relación los 20 kilos de trigo no representan nada más que valor). De ahí que las cantidades de hierro sirvan para medir el peso del azúcar. (De ahí que los 20 kilos de trigo sirvan para medir el valor de 1 traje)”. La analogía tiene más detalles. Lo puesto entre paréntesis en la cita de Marx es mío. Lo hice para que el lector comprendiera mejor la analogía. Lo que intenta Marx con esta analogía es que, con un ejemplo más corriente, más al alcance de la experiencia de los antiguos vendedores de hace cuarenta años, que usaban una balanza con dos platillos y unas pesas para medir el peso de las mercancías que vendían, el lector mejore su representación y comprensión de la relación de cambio entre las mercancías, y más específicamente la primera particularidad de la forma equivalente del valor. Se trata de ampliar el conocimiento y mejorar nuestra representación de los fenómenos mercantiles.
Solo dos últimas ideas que ya dije anteriormente: una, que las metáforas son una especie del género de las analogías, y dos, que tanto las metáforas como las analogías sirven para mejorar nuestras representaciones del objeto metaforizado, en un caso, y del objeto analogizado, en el segundo caso.
Einstein: abstracción y representación
En su trabajo La metodología de Marx, Sacristan dice lo siguiente: “En una ciencia muy teórica, la física, por ejemplo, repito o insisto, estaríamos dispuestos a decir que lo real es lo contrario: conocer consiste en pasar de lo concreto a lo cada vez más abstracto, de una experiencia concreta, sensible, directa, a conceptos físicos que no tienen ni siquiera correlato sensible”. Sacristán incurre en dos errores, el primero, hablar de forma general sin concretar, y, segundo, pensar que todas las ciencias proceden del mismo modo. Y no es así. Para demostrarlo recurriré a la exposición que hace Einstein sobre el movimiento de un cuerpo, contenido en su obra titulada Sobre la teoría especial y la teoría general de la relatividad. Habla Einstein: “Me encuentro en la ventanilla de un vagón de ferrocarril animado de un movimiento uniforme y dejo caer una piedra sobre el terraplén, sin comunicar a aquella impulso alguno. Veré entonces (prescindiendo de la influencia de la resistencia del aire) que la piedra cae en línea recta. Un peatón que observa la fechoría desde la carretera nota que la piedra cae a tierra según un arco de parábola. Pregunto ahora: las posiciones que recorre la piedra, ¿se hallan en realidad sobre una recta o una parábola? ¿Qué significa además aquí movimiento “en el espacio”? A partir de las consideraciones hechas en la sección 2, la respuesta es evidente. En primer lugar, dejamos a un lado la oscura palabra “espacio” y la sustituimos por “movimiento con respecto a un cuerpo de referencia prácticamente rígido”. Si en lugar de “cuerpo de referencia” introducimos el concepto de “sistemas de coordenadas”, concepto útil con vistas a una descripción matemática, podemos decir entonces: respecto a un sistema de coordenadas rígidamente unido al vagón, la piedra describe una recta; respecto a un sistema de coordenadas rígidamente unido al suelo, una parábola. En este ejemplo, se ve claro que no existe ninguna trayectoria propiamente dicha, sino solo trayectorias con relación a un cuerpo de referencia determinado”.
Analicemos estas ideas bajo el punto de vista de la teoría del conocimiento. En su conceptualización teórica, Einstein no parte de la percepción sensible, sino de la representación sensible, pero con muchos grados de abstracción. (En la percepción el objeto o situación objetiva vienen dados, mientras que en la representación la situación objetiva la pone el sujeto). No sabemos cuántos vagones tiene el tren, no sabemos cuál es su velocidad, no aparecen los pasajeros que están sentados al lado de la ventana, no sabemos en qué municipio está el tren, no sabemos si en el terreno sobre el que circula el tren hay árboles y plantas, insectos, pájaros y lagartijas. No sabemos si hay niños jugando a la pelota. No sabemos cuántas personas caminan en los alrededores del tren. El propio Eisntein dice que hace abstracción del aíre, pues puede modificar el movimiento ideal de la piedra, y un largo etcétera. Luego en la representación de Einstein hay muchas abstracciones. El punto de partida del conocimiento que elabora sobre el movimiento de los cuerpos incluye como punto de partida abstracciones. Y hay en la representación de Einstein un elemento que no pertenece a la representación sensible: el sistema de coordenadas. Dicho de otra forma: la representación del movimiento que realiza Einstein está mediado por conceptos, no es una representación sensible, no es un saber inmediato de lo sensible, todo lo contrario, es un saber muy mediato de lo sensible. Enumero los conceptos que median la representación de Einstein: movimiento uniforme, impulso, línea recta, arco de parábola, movimiento con respecto a un cuerpo de referencia prácticamente rígido y movimiento ideal de la piedra. Así que en este caso deberíamos afirmar que nos encontramos ante una representación conceptual.
El lector habrá comprobado, primero, que no se debe hablar, ni de la práctica ni de la teoría, de forma general, que es necesario ser más exhaustivo y entrar en detalles; segundo, que el método por sí solo no puede servir para explicar cómo se construyen las teorías; y, tercero, que no existe un método que sea válido para todas las ciencias. Sí es cierto que Einstein parte de lo concreto, pero de lo concreto representado, donde hay muchas abstracciones y mediaciones conceptuales. No nos movemos en el análisis de la relatividad espacial, como dice Sacristán, de lo concreto a lo abstracto, sino que ya en lo concreto encontramos abstracciones: una, por las cosas que no se ven o no se tienen en cuenta, y dos, por la abstracción que suponen los propios conceptos. Y como muy acertadamente dijo Hegel en la Fenomenología del espíritu: el lenguaje nunca puede expresar el ser sensible que nosotros suponemos, puesto que el lenguaje solo expresa lo universal que hay en los hechos. Y esto es lo que ha hecho Einstein para demostrar que no existe ninguna trayectoria propiamente dicha, sino solo trayectorias con relación a un cuerpo de referencia determinado: expresar lo que hay de universal en los hechos que se representan.
El método y la teoría del conocimiento
El conocimiento relativamente completo de una cosa transcurre en dos etapas: etapa sensible, práctica o experimental y etapa lógica o teórica. Las reflexiones de Marx sobre el método en la economía política, contenidas en su Contribución a la crítica de la economía política, que es el objeto de la reflexión crítica de Sacristán, pertenece a la etapa lógica o teórica del conocimiento. Pero el problema de cómo Marx elaboró El Capital o cómo Adam Smith elaboró Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, no se resuelve conociendo algunas ideas generales sobre el método. Solo hay que observar que la exposición sobre el método de la Economía política de Marx no alcanza las diez páginas, mientras que El Capital supera las tres mil páginas.
Hay que distinguir entre la fase en que un concepto es elaborado de la fase en que un concepto empieza a circular. Por ejemplo, Marx elabora el concepto de valor de uso en los siguientes términos: cosa que por sus propiedades puede ser útil o satisfacer necesidades humanas. Una vez elaborado este concepto, Marx dice: los valores de uso, además de constituir el contenido material de la riqueza, constituyen los portadores materiales del valor de cambio. Y a partir de ahí empieza a elaborar el concepto de valor de cambio. Lo más diáfano en el ámbito de la teoría es que todos los conceptos estén elaborados. Pero esto es imposible: los conceptos de propiedades y satisfacción de necesidades humanas sirven para elaborar el concepto de valor de uso, pero ellos mismos carecen de elaboración. Pues bien, resulta que los conceptos de abstracto y concreto contenidos en El método de la economía política de Marx no están elaborados. Tampoco lo hace Sacristán. Para superar esta dificultad aconsejo al lector que lea la sección titulada Lo abstracto y lo concreto en Hegel en el presente trabajo, dado que allí puede encontrar una mínima elaboración de esos conceptos.
No está de más transcribir unas palabras de Edmund Husserl contenidas en la sección titulada La imperfección teorética de las ciencias particulares de su magna obra Investigaciones lógicas, para aclararnos más sobre las dificultades a las que nos enfrentamos: “Ni siquiera el matemático, el físico o astrónomo necesita llegar a la intelección de las últimas raíces de su actividad, para llevar a cabo las producciones científicas más importantes; y aunque los resultados obtenidos posean para él y los demás la fuerza de una convicción racional, no puede el científico tener la pretensión de haber probado siempre las últimas premisas de sus conclusiones, ni de haber investigado los principios en que descansa la eficacia de sus métodos. Pero esta es la causa del estado imperfecto de todas las ciencias”.
Estas ideas son claves: todas las ciencias son imperfectas, no hace falta llegar a las últimas raíces de su actividad para que los científicos lleven a cabo su producción científica, nunca se prueban todas las premisas de las conclusiones científicas, y nunca se investiga por completo los principios en los que descansa la eficacia de los métodos de investigación experimental y de elaboración teórica. De ahí la necesidad de la filosofía, que es la esfera de saber que enfrenta esos problemas gnoseológicos. Enfrentar no es solucionar los problemas ni acertar en los objetivos propuestos de la teoría del conocimiento. En teoría del conocimiento todavía hay mucho por hacer. Y pretender tener plena claridad gnoseológica en las elaboraciones teóricas es de momento imposible, independientemente de la esfera de saber en la que te muevas, incluida la Lógica matemática y la física.
Engels: sobre la sensoriedad abstracta
Después de afirmar que el verdadero padre del materialismo inglés es Bacon, en su obra titulada Del socialismo utópico al socialismo científico, Engels formula la siguiente conjetura:
“En Bacon, como su primer creador, el materialismo guarda todavía de un modo ingenuo los gérmenes de un desarrollo multilateral. La materia sonríe con un destello poéticamente sensorial a todo el hombre. En cambio, la doctrina aforística es todavía de por sí un hervidero de inconsecuencias teológicas.
En su desarrollo ulterior, el materialismo se hace unilateral. Hobbes sistematiza el materialismo de Bacon. La sensoriedad pierde su brillo y se convierte en la sensoriedad abstracta del geómetra. El movimiento físico se sacrifica al movimiento mecánico o matemático, la geometría es proclamada como la ciencia fundamental. El materialismo se hace misántropo”.
De estas palabras de Engels extraemos una primera deducción: La sensoriedad o conocimiento sensible no es la misma en todas las esferas del saber. En la física y lógica matemática, la sensoriedad es abstracta y carece de brillo, mientras que, en la economía, la sociología y la psicología la sensoriedad es concreta y adquiere todo su brillo y esplendor. Por lo tanto, no podemos pensar en elaborar una teoría del conocimiento que sea válida para todas las esferas de saber. Y si la elaboramos, dicha teoría del conocimiento tiene que ser muy general. Un ejemplo de esta teoría del conocimiento general puede ser Sobre la práctica de Mao Zedong. Pero lo que es evidente en todo caso es que habrá que distinguir la sensoriedad abstracta, que predomina en la física y en la lógica matemática, de la sensoriedad concreta, que predomina en las ciencias sociales y en el arte.
Engels: ciencias naturales y ciencias sociales
En su obra Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Engels formula la siguiente conjetura: “La historia del desarrollo de la sociedad difiere sustancialmente, en un punto, de la historia del desarrollo de la naturaleza. En esta, los factores que actúan los unos sobre los otros y en cuyo juego mutuo se impone la ley general, son todos agentes inconscientes y ciegos. (…) En cambio en la historia de la sociedad, los agentes son todos hombres dotados de conciencia, que actúan movidos por la reflexión o la pasión, persiguiendo determinados fines; aquí, nada acaece sin una intención consciente, sin un fin deseado”. Aquí queda claro una cosa: si yo elaboro una teoría del conocimiento basada en las ciencias naturales, no me sirve para fundamentar una teoría del conocimiento que trate sobre las ciencias sociales: la economía, la historia, la sociología y la psicología. ¿Por qué? Porque los factores que actúan en las ciencias naturales son agentes que no están dotados de conciencia y son ciegos, mientras que en las ciencias sociales los agentes actuantes están dotados de conciencia. Así que una teoría del conocimiento elaborada sobre la lógica matemática no me sirve para explicar cómo el conocimiento actúa en el ámbito de la economía y de la historia. Por lo tanto, la filosofía analítica no sirve para proporcionarle rigor a la teoría del conocimiento marxista.
¿Qué ciencia debe desempeñar el papel de paradigma en la teoría materialista del conocimiento?
Escuchemos a Engels en su obra Del socialismo utópico al socialismo científico: “La concepción materialista de la historia parte de la tesis de que la producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social; de que en todas las sociedades que han desfilado por la historia, la distribución de los productos, y junto a ella la división de los hombres en clases o estamentos, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce, y por el modo de cambiar sus productos. Según eso, las últimas causas (no las únicas causas) de todos los cambios sociales no deben buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea que ellos se forjen de la verdad eterna y de la eterna justicia, sino en las transformaciones operadas en el modo de producción y de cambio; han de buscarse no en la filosofía, sino en la economía de la época de que se trate”. (Lo que aparece entre paréntesis es mío).
Si la distribución de la productos (modo en que se manifiesta el reparto de la riqueza y de la pobreza entre los hombres), está determinado por la economía; si la división de los hombres en clases o estamentos está determinada por la economía; si la causa última de los cambios sociales debe buscarse no en la filosofía, sino en la economía, entonces la ciencia que debe servir de paradigma de la teoría del conocimiento materialista debe ser la economía, y no la lógica matemática, la física o la filosofía
¿Por qué es científico el socialismo propuesto por Marx?
En el mismo texto referido anteriormente, Engels dice lo siguiente: “Cuando nace en los seres humanos la conciencia de que las instituciones sociales vigentes son irracionales e injustas, esto no es más que un indicio de que en los métodos de producción y en las formas de cambio se han producido calladamente transformaciones con las que ya no concuerda el orden social, cortado por el patrón de condiciones económicas anteriores. Con lo cual dicho está que en las nuevas relaciones de producción tienen forzosamente que contenerse ya -más o menos desarrollados- los medios necesarios para poner término a los males descubiertos. Y esos medios no han de sacarse de la cabeza de nadie, sino que es la cabeza la que tiene que descubrirlos en los hechos materiales de la producción, tal y como los ofrece la realidad”.
Que las instituciones sociales son irracionales e injustas es un hecho que se ha producido muchísimas veces durante los últimos ochenta años. Que este hecho es un indicio de que en los métodos de producción y en las formas de cambio se han producido más o menos calladamente transformaciones es una evidencia científica que, como en la actual fase de globalización, hasta los propios liberales reformistas reconocen (Martin Wolf, por ejemplo). Y que la sociedad socialista no debe buscarse en la cabeza de nadie sino en las propias condiciones materiales de la economía es una posición materialista y científica que nadie asistido de razón puede poner en duda. No otra cosa significa socialismo científico: buscar en el seno del propio capitalismo los gérmenes del socialismo.
Pero como Engels, como es habitual en este pensador, se expresa preferentemente con conceptos sintéticos generales, les........
