Poder e institucionalidad en la revolución española
Focalizaremos este trabajo en el análisis del poder y particularmente de la configuración y combinación de los distintos tipos de poder social y de sus formas institucionales relacionadas. Indagaremos cómo estos temas fueron abordados en el proceso revolucionario iniciado en España en 1936 y concretamente, en el cómo fueron resueltos los mismos, por un cierto sector del anarquismo español, entendiendo que su exploración crítica nos puede servir, asimismo, como campo de reflexión para renovadas hipótesis anarquistas de emancipación social.
Del poder y sus configuraciones en la España revolucionaria
Con el propósito de encuadrar conceptualmente nuestro trabajo, nos tomaremos unos párrafos para discernir desde qué perspectiva abordaremos la cuestión del poder, para pasar luego, a sus implicancias en la experiencia española.
Desde aquí, entendemos por poder a toda relación social que se ejerce entre sujetos o fuerzas sociales de manera dinámica y que establece en base a su ejercicio, prácticas y formas sociales y/o políticas concretas. Tomando en cuenta esta definición genérica, se puede decir, que, por un lado, todo aquel ejercicio relacional que permite que el poder circule sin que sea apropiado o monopolizado opresivamente por ningún agente o agentes en particular y que dé lugar e instituya, asimismo, al desarrollo de la autoactividad, la autorregulación y la reciprocidad de manera generalizada, constituye la base de lo que podemos denominar como poder social. Por el contrario, se puede estipular, que aquellos ejercicios que impiden tal circulación y que concentran y/o cristalizan en sujetos, fuerzas o instituciones, asimetrías subordinantes, constituirían la plataforma de lo que conocemos como poder dominante o directamente dominio o dominación. Estas nociones nos son importantes para percibir el carácter productivo, estratégico y complejo y no meramente coercitivo, represivo y estanco del poder.
Dicho esto, nos interesa ahora abordar distintas configuraciones que se plantean concretamente desde la dimensión del poder social y el cómo, las mismas, se manifestaron, a nuestro criterio, en el derrotero español, analizando, a su vez, qué actitud tuvieron los anarquistas al respecto. Partiremos, entonces, de tres categorías configurativas que nos parecen claves para entender los procesos revolucionarios que, si bien, pueden estar interrelacionadas, tienen, asimismo, características distintas y específicas. Hablamos concretamente de los conceptos de poder popular, poder local y doble poder.
El primero de ellos, el poder popular, implica la construcción por parte de las clases oprimidas y explotadas, de su propia fuerza social alternativa y antagónica que confronta al de las clases dominantes, constituyendo, en su desarrollo, espacios, territorios, mecanismos y organismos, así como también, una cultura y una subjetividad, que prefiguran y sustentan un proyecto emancipatorio. Partiendo de estas premisas, es importante remarcar queel poder popular como tal, en tanto proceso, se desarrolla tanto antes, durante y después de un contexto de ruptura revolucionaria. Por lo tanto, el poder popular acumula fuerzas, prefigura, disputa y construye un nuevo marco de relacionamiento y articulación social, proyectándose para intentar a llegar a ser lo más amplio posible, es decir, procurando abarcar la totalidad social y no para demarcarse sólo como un “islote de libertad”.
La otra configuración, el poder local, resumidamente, se sostiene sobre la constitución de ámbitos concretos territoriales donde se desarrolla la capacidad de autoactividad social de manera alternativa y en disputa con la institucionalidad dominante. Se trataría de las llamadas “zonas liberadas” pero que pueden no articularse a priori, en tanto microespacio, con un proyecto global transformador. En este sentido, podemos decir, que el poder local es abarcado por la idea de poder popular, pero como vimos, éste último, no se limita sólo a una localización territorial, aunque ésta sea importante.
Por último, el doble poder, se nos presenta como el proceso en el que coexisten de manera conflictiva, transitoria e inestable dos estructuras de poder antagónicas e incompatibles que asumen para sí la legitimidad social y que entran en disputa, ahora sí, en una situación de crisis revolucionaria. Y justamente, por su carácter transitorio e inestable (dada la imposibilidad de coexistencia duradera y pacífica de las fuerzas y organismos en pugna) implicaría una resolución de corto plazo, sea por la reimposición del orden instituido dominante o por su desplazamiento por parte del organismo alternativo de las fuerzas revolucionarias. Es importante agregar, al igual que lo hicimos con respecto al poder local, que el doble poder no es contradictorio al poder popular. El doble poder deviene o puede devenir de una construcción de poder popular previa, pero como dijimos, éste (el poder popular) abarca otros elementos y que, en su constitución, no necesariamente implica la conformación de un organismo articulador integral, aunque puede prefigurarlo, así como tampoco es necesaria una situación o crisis revolucionaria para su desarrollo.
Ahora bien, ¿para qué nos sirve visualizar estas configuraciones en el caso español? En principio para entender que todas, de manera combinada, se han manifestado, ya sea de manera concreta, transitoria o en estado de latencia y que pocas veces se ha señalado su importancia conjunta a los fines de analizar de mejor manera los avatares que ha tenido esta experiencia, fundamentalmente en su etapa revolucionaria.
Es importante destacar, que ya desde las primeras décadas del siglo XX, el anarquismo español, a través de su organización de base proletaria, la CNT (Confederación Nacional del Trabajo):
(…) logró que su cosmovisión, su cultura, fuera aceptada por grandes capas de la población obrera de la época. Y así fue creando una contrahegemonía, que la gente de la época entendía como una “sociedad paralela”, una sociedad en construcción, un pueblo en movimiento. Esta sociedad nueva se basaba en la acción........
