Alianza Petro y Uribe por la presidencia del senado: contrapesos, marcas y postveracidad
Como educomunicadora propongo un diálogo amplio con todas las lectoras y lectores que siguen este ejercicio de educación cívica en medio de la coyuntura. Para situarnos necesito tres capas que se confunden a diario: verdad moderna y coyuntural, posverdad y postveracidad. Quiero detenerme ahí porque leyendo fragmentos sueltos de Rita Segato me está pasando algo fuerte. No he leído su obra completa. La leo a trozos, a gotas, por falta de tiempo y por la misma hiperactividad mental que me cuesta leer obras completas. Estos pedazos de Contra-pedagogías de la crueldad, Prometeo, 2018, ya me movieron el piso. Ha sido casi una experiencia espiritual entender lo que plantea.
LA FLOR DE ANDÉN EN TIEMPOS DE POSTVERACIDAD: PEDAGOGÍA PARA NO ROMPERNOS
Segato distingue tres regímenes que antes confundía. Ahora que la leo, así sea fragmentado, me hace sentido todo lo que observo.
Verdad moderna: Es el pacto que describe Segato. Existe una realidad fáctica y hay árbitros que la certifican: ciencia, ley, prensa. Mentir significa traicionar ese pacto porque hay un afuera verificable.
Posverdad: Según lo que voy encontrando en Segato, es trampa dentro de ese tablero. Se reconocen los hechos. Aun así, se decide ignorarlos y priorizar emoción y creencia. Es distorsión deliberada. El mentiroso todavía sabe qué es verdad, por eso la tuerce.
Postveracidad: Esto es lo que más me impactó. Segato nombra un régimen nuevo. Ya no hay árbitro. El poder dejó de necesitar la verdad para legitimarse. Se sostiene en espectáculo, fuerza y repetición. No es que se mienta más. La categoría verdad dejó de organizar el lazo social. Por eso, dice ella, se exhibe la crueldad. Porque ya no se espera sanción de la verdad pública.
Segato usa los femicidios para mostrar cómo opera esa postveracidad: el crimen no se oculta. Se escenifica para aleccionar. Leyendo eso entendí que puedo llevar esa clave a la guerra.
Hay un estudio de psicología de medios, que Susan Sontag retoma en Ante el dolor de los demás, que demuestra algo que me dejó fría: la sobreexposición a fotos de tragedias humanas genera fatiga por compasión. La primera imagen golpea. La décima insensibiliza. La milésima confirma impotencia y anula la agencia. La foto deja de ser denuncia y se vuelve paisaje.
Eso conversa directo con lo que leo en Contra-pedagogías de la crueldad: en postveracidad el poder ya no oculta el horror. Lo transmite 24/7 hasta vaciarlo de significado. La crueldad se vuelve pedagogía, como dice Segato. Ella lo define así: pedagogías de la crueldad son todos los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. Esa pedagogía enseña algo que va mucho más allá de matar, enseña a matar de una muerte desritualizada, de una muerte que deja apenas residuos en el........
