El derecho a no saber
Nos encanta creer que manipular la opinión pública exige una inteligencia casi diabólica. Imaginamos laboratorios de desinformación, consultoras millonarias, granjas de bots, IA, campañas diseñadas al milímetro y algún presidente extranjero bendiciendo al candidato de turno. Es una idea que alivia, porque nos permite pensar que, si nos engañan, es porque enfrente hay auténticos genios. En cambio, la realidad es humillante: bastan 303 personas, un teatro y cinco días para dejar en evidencia a un país entero con una autoestima intelectual tan frágil que prefiere sentirse reafirmado antes que informado.
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El comediante y creador de contenido Camilo Díaz, más conocido como Culotauro, junto a dos comediantes más y en su primera función “La Megacárcel”, propuso un pacto a los 300 asistentes del teatro, un engaño a la opinión pública. El pacto era simple. Ellos se encargarían de grabar y difundir en sus redes una pelea orquestada entre dos asistentes con la camiseta amarilla de la selección y algunas personas más del público. Los medios harían el resto.
Durante cinco días todos obtuvieron algo. Los algoritmos hicieron aquello para lo que fueron diseñados. Los comentaristas encontraron otra historia sobre la que opinar sin investigar. Los medios consiguieron lo único que hoy parecen medir con........
