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En boca de León mundialista: Que la fiesta no termine en luto

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03.07.2026

CIUDAD DE MÉXICO (apro).— Los países necesitan momentos de alegría compartida. No todo puede ser agravio, miedo, desencanto, violencia o polarización. Hay instantes en que una sociedad entera, incluso una sociedad herida, necesita reconocerse en una emoción común.

Eso explica lo que ha ocurrido después de cada victoria del equipo mexicano en el Mundial y aún más después del triunfo sobre Ecuador.

No fue solamente un triunfo deportivo. Fue una descarga nacional. México volvió a ganar un partido de eliminación directa en un Mundial después de décadas y millones de personas salieron a la calle porque el futbol, en un país como México, nunca es solo futbol. Es memoria, identidad, familia, infancia y desahogo, una forma de sentirse parte de algo común en un país que demasiadas veces parece fragmentado.

Vale la pena ver las imágenes de nuevo.

Las calles llenas. Las banderas en alto. Los abrazos entre desconocidos. Las camisetas verdes. Los niños sobre los hombros de sus padres. Los jóvenes trepados en monumentos. Los gritos, las canciones, la sensación, tan rara y necesaria, de que México podía mirarse por unas horas sin el peso habitual de sus tragedias.

Hay........

© Proceso