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País portátil

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08.06.2026

Todavía recuerdo el día en el que mi profesor de Moral y Cívica en bachillerato, nos recomendó leer la novela del escritor venezolano Adriano González León y cuyo título utilizo hoy para estas líneas, la recomendación la hacía con un aire de clandestinidad, como quien nos revela un secreto que no debe ser escuchado por las autoridades, como si de un ofrecimiento de algo ilegal se tratara.

Y es que resulta que para la época en la que transcurría mi bachillerato, las ideas subversivas aún eran tendencia de consumo juvenil, casi una moda, hablar de guerrilla daba una suerte de estatus de líder, de renegado antisistema, de revolucionario intelectual, si es posible que coexistan ambos términos. Esa atmósfera no era exclusiva de liceos, pues tenía su epicentro en las Universidades nacionales, y fue tanto su poder que en ella se fusionaron Estudiantes, Profesores y hasta Rectores, prueba de ello fue un documento cuyo infame título “Los Abajo Firmantes” quedó para la historia.

Confieso que en momentos también me sentí seducido por esa ola subversiva, pero como nunca he sido partidario de seguir al montón, aplacé ese pensamiento de unión a la masa para el futuro, lo que permitió que esa prolongada espera me llevara al pensamiento crítico, de donde nunca........

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