Laureano Benitez: «El Gólgota no ha terminado»
«Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo: no hay que dormir durante este tiempo». (Blas Pascal)
La fe cristiana encuentra su máxima expresión en el camino del sufrimiento redentor, en lo que podemos llamar «mística de la cruz», inaugurada por Cristo en su Pasión salvadora. En una carta escrita por León Bloy durante la guerra de 1870 hay un párrafo que sintetiza lo que se define como su «mística del dolor»: «Solamente cuando la Iglesia sufre se puede afirmar que triunfa, y ella siempre ha sufrido. El sufrimiento es su patrimonio, su dominio inalienable, su verdadero tesoro. Cada gota de la sangre de los mártires es una perla en el cofre de la Verdad. El cristiano sin el sufrimiento es un peregrino sin brújula. No llegará nunca al Calvario. Es necesario que la Pasión de Cristo, consumada en la inefable cabeza coronada de espinas, se cumpla también en los miembros. El dolor es la esencia misma, la columna vertebral de la vida moral del cristianismo. Si somos los “miembros de Jesucristo”, “los mismos miembros suyos”, es absurdo excluir el dolor de nuestra vida. El desterrado del paraíso puede exigir solo la felicidad de sufrir».
Desde el Gólgota, los sufrimientos de la humanidad conforman la «Pasión del mundo», porque Jesús tomó sobre sí la tremenda carga del sufrimiento humano, y, experimentándola en su plenitud, la convirtió en «su Pasión». Como dice Henry Nouwen, «no hay ningún sufrimiento -culpa, vergüenza, soledad, hambre, opresión o explotación, tortura, prisión o asesinato- que no haya sido padecido por Dios. No puede haber ningún ser humano que esté completamente solo en sus sufrimientos, porque Dios, y Jesús y a través de Él, se ha hecho Emmanuel, Dios con nosotros».
Hemos de llegar al conocimiento interior de que la agonía del mundo es la agonía de Dios. La agonía de mujeres, hombres y niños a lo largo de las distintas épocas nos revela la profundidad inagotable de la agonía de Dios, que vislumbramos en el huerto de Getsemaní. El significado más profundo de la historia humana es la revelación progresiva del sufrimiento de Cristo. Mientras haya historia humana, aún no se habrá terminado de contar del todo la historia del sufrimiento de Cristo. Cada vez que conocemos una nueva forma en que los seres humanos sufren, conocemos más sobre la inmensidad del amor de Dios, que no quiso excluir nada humano de su experiencia de ser Dios. En efecto, Dios es Yahvé Rachamin, el Dios que lleva en su vientre al pueblo sufriente con la intimidad y la solicitud de una madre.
La Pasión de Cristo se perpetúa también en la Pasión de la Iglesia, ya que podemos establecer un estrecho paralelismo entre el sufrimiento crístico y la crisis de la Iglesia en los tiempos........
