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Laureano Benítez Grande-Caballero: «Eyes PSOE wide shut»

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04.04.2026

Uno de los principales paradigmas de la ideología de izquierdas es su necrofilia, su enfermiza obsesión por la muerte, su culto a Tanatos, la personificación de la muerte en la mitología griega, con la particularidad de que se refería especialmente a la que tenía lugar sin violencia, o muerte natural, mientras que la izquierdosía, sedienta siempre de sangre, impaciente por ofrecer víctimas en holocausto a Satanás, bajo el nombre de comunismo ha facturado para el Tártaro a más de 100 millones de personas.

Desde tiempos inmemoriales, los rituales satánicos han tenido como clímax los sacrificios humanos, acompañados de ceremonias orgiásticas y protocolos iniciáticos cuyo fin era conseguir favores de los demonios del inframundo. Moloch era la deidad, de origen cananeo, a la que se inmolaban las víctimas en los ritos sacrificiales, y en su vientre incandescente se consumieron infinidad de víctimas. Aun hoy en día hay alguna secta que practica su adoración.

Las víctimas preferidas para estos pérfidos rituales siempre han sido los niños, muy posiblemente porque, debido a su inocencia primordial, son los más próximos al mundo angélico, los más cercanos al mundo celestial, y por ello su sacrificio es la ofensa más profunda a Dios.

¿Por qué esta estrecha intimidad entre la izquierdosía y el satanismo necrófilo? Pues por la sencilla razón de que Marx fue satanista, como él mismo confiesa en sus tremendos poemarios, donde proclama con rotundidad que para él el socialismo no era más que un pretexto, puesto que su objetivo final era el diabólico plan de arruinar a la humanidad por toda la eternidad, asaltando los cielos con su proletariado para llevarnos a los infiernos:

«Por tanto, el cielo he perdido,/ esto yo bien lo sé./ Mi alma, otrora fiel a Dios,/ seleccionada está para el infierno».

«Ese arte, Dios ni quiere ni rechaza, salta al cerebro desde la negra niebla del Infierno. Hasta el corazón embrujado, hasta que los sentidos titubean: con Satán he hecho mi trato».

«Los vapores infernales suben y llenan la mente,/ hasta que enloquezco y mi corazón es totalmente cambiado./ ¿Ves esta espada?:/ el Príncipe de las Tinieblas me la vendió./ Para mí marca el compás, y da las señales./Cada vez con más osadía, toco el baile de la muerte».

Arruinar a la Humanidad es, pues, la consigna de la izquierdosía, su diabólico plan, cuyo objetivo es llevar almas al infierno. Para ello, su estrategia consiste en destruir la civilización cimentada en los valores tradicionales, en las leyes naturales, que están en profunda armonía con el sustrato ético fundamentado en el cristianismo, arramblando con todas las instancias y estamentos que cohesionan a la sociedad: religión, Patria, familia, tradiciones, etc., con el fin de llevar el mundo al Kaos, al desorden, a una Babilonia infecta que sea una fábrica de condenación de almas, donde el señor de las Moscas pueda enseñorearse de nuestras vidas y robarnos nuestra filiación divina.

En esta batalla milenaria, legiones de demonios se han ido encarnando en la izquierdosía, engendrando destripadores, Circes, Landrús, sacamantecas, Dráculas, Lenines, Stalines, Maos, Pol-Pots, y el Satanás que los parió, raleas de monstruos, de endriagos, de hierofantes de cucurucho y oro, de milicianos matacuras y violamonjas, de vampiros noctívagos, de desenterradores de cadáveres, entre innumerables Coliseos sanguinolentos, Holodomores, Grandes Saltos Adelante, Terrores Rojos, y hecatombes inenarrables.

Como podía esperarse, España ha sido la presa favorita de la izquierdosía satánica, obsesionada por vengarse del país que le arrebató tantas almas en la colosal empresa civilizadora americana, que acabó con los sacrificios humanos y el canibalismo del........

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