El naufragio de Oriente Medio: de la traición imperial al colapso del orden mundial.
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Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, gran parte del mundo árabe esperaba que el colapso del Imperio otomano abriera el camino a una gran entidad política árabe independiente. Durante la guerra, Londres había alentado esa expectativa mediante la correspondencia entre Hussein bin Ali y el alto comisionado británico Henry McMahon.
Pero al mismo tiempo, Gran Bretaña y Francia habían firmado en secreto el Acuerdo SykesPicot, que dividía el Próximo Oriente en zonas de influencia. La contradicción fue evidente cuando, tras la guerra, el sistema de mandatos de la Sociedad de Naciones consolidó el control europeo sobre Siria, Líbano, Irak y Palestina.
Para muchas élites árabes, aquello fue el primer gran trauma político moderno: la sensación de haber sido utilizados y después abandonados. La segunda fractura llegó con la Declaración Balfour de 1917 y el mandato británico sobre Palestina. El establecimiento del Estado de Israel en 1948 y la guerra que lo acompañó provocaron el desplazamiento masivo de palestinos —la Nakba— y abrieron un conflicto que desde entonces ha marcado la política regional.
Más allá del debate sobre legitimidades históricas, lo cierto es que la creación de Israel transformó la región en tres sentidos:
convirtió Palestina en una cuestión central de identidad política árabe;
generó guerras periódicas entre Israel y Estados vecinos;
introdujo un conflicto permanente en el corazón geográfico del mundo árabe.
En los años cincuenta y sesenta surgió una figura que parecía capaz de revertir esa situación: Gamal Abdel Nasser.
Nasser representaba varias ideas simultáneamente:
modernización estatal,
independencia frente a Occidente,
y un proyecto político laico.
Tras la Crisis de Suez de 1956, en la que Egipto resistió el ataque de Israel, Francia y el Reino Unido, Nasser se convirtió en el líder más popular del mundo árabe. Durante una década pareció posible la creación de un bloque político árabe capaz de actuar con autonomía estratégica.
Todo cambió con la Guerra de los Seis Días en 1967.
Israel derrotó en pocos días a Egipto, Siria y Jordania. La guerra destruyó la confianza en el proyecto de Nasser y en el nacionalismo árabe laico.
El impacto psicológico fue enorme:
el líder que había prometido restaurar la dignidad árabe quedaba derrotado;
los ejércitos árabes demostraban su debilidad;
Israel aparecía como una potencia militar dominante.
Muchos intelectuales árabes han descrito 1967, como el verdadero punto de inflexión del mundo árabe moderno.
Tras esa derrota, se abrió un vacío político e ideológico. El nacionalismo árabe perdió credibilidad y comenzaron a ganar fuerzas corrientes islamistas que ofrecían una interpretación distinta del fracaso: el problema no era la política, sino el abandono del islam.
Uno de los pensadores más influyentes en esa transición fue Sayyid Qutb, ideólogo vinculado a la Hermanos Musulmanes.
Sus ideas planteaban que:
las sociedades musulmanas vivían en una nueva “ignorancia” moral,
el islam debía recuperar su centralidad política,
y la lucha contra regímenes considerados impíos era legítima.
Décadas después, ese marco ideológico influiría en movimientos como AlQaeda y el llamado Estado Islámico. En ese sentido, el auge del yihadismo no surge de la nada; está conectado con el colapso del proyecto político que había encarnado Nasser. Mientras el mundo árabe atravesaba esa crisis interna, otra dinámica se consolidaba: la competencia entre las superpotencias.
Durante la Guerra Fría, Oriente Medio se convirtió en una región estratégica para el planeta por tres razones:
su posición geográfica entre Europa, Asia y África;
la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética;
el peso decisivo del petróleo.
Estados Unidos fue aumentando su presencia política y militar para........
