Israel de la Rosa: «El mérito»
Tan devaluado está hoy el mérito, tan pálido, tan demacrado, tan arrumbado se halla el mérito en un rincón del trastero, tan apagado, tan exangüe… Se muestra el mérito, o lo que queda de él, en una polvorienta cama, gruñona y polvorienta cama, ofreciendo su rostro cadavérico a los visitantes curiosos. Su sonrisa cadavérica. Se pudre el mérito en un lecho destartalado, entre escombros, en un lecho penoso de retorcidos y herrumbrosos alambres. Asunto del pasado, ese mérito hoy aniquilado, moribundo, desprestigiado. Insignificante cosa, ridículo argumento, despreciable virtud. Tan devaluado está hoy el mérito, tan desdibujado en el papel. Provoca desdén a manos llenas y sonoras carcajadas. Tan pálido, tan demacrado. Tan difunto.
Cómo sembrar en estos tiempos de vagos y cobardes, de gentes perezosas y adocenadas, la majestuosa semilla del mérito. En qué campo fértil podría echar raíces y levantar luego sus brazos al cielo, cual bendecidas espigas de oro. Cómo convencer hoy a un niño de que el camino decente y valioso se recorre con esfuerzo y perseverancia. Cómo convencerlo, si premiamos igual al niño esforzado que al niño holgazán, si brindamos más tiempo y energía a disfrazar el fracaso con guirnaldas y estimulante confeti, si nos empeñamos en ocultar la decepción y enmascararla con ribetes de fiesta. Cómo avivar la llama del mérito, la poderosa y refulgente llama del merecimiento, si innumerables vientos se alzan por doquier para debilitar, para sofocar esa misma llama con desteñida y repugnante apatía. Cómo alentar hoy la lucha, la constancia, la firmeza, la tenacidad. Cómo revestir de sinceras alabanzas un logro alcanzado con determinación, con verdadero mérito, vertiendo lágrimas y sudor, dedicando largas noches en vela, sacrificando épocas sagradas de juventud, cuando........
