Eva Higueras: «Eterna juventud a manos de un bisturí»
Las mujeres sufrimos una presión silenciosa. La de parecer siempre joven.
Para ello no dudamos en comprarnos cremas y seguir alguno de los cientos de tratamientos existentes.
Y lo hacemos convencidas de que envejecer es algo que se debe esconder.
Deberíamos considerar que envejecer es algo más. Significa que has vivido, que has reído y que has llorado, que has creado vínculos y que el transcurso de la vida también te ha llevado a adaptarte a los cambios.
El paso del tiempo no debería hacernos sentir que valemos menos porque ello nos quita valor, pero si nos da historia. La historia también es belleza.
El deseo de las mujeres por parecer más jóvenes está influenciado por presiones sociales, biológicas y psicológicas.
La presión social se basa en los estándares de belleza que asocian la juventud con el atractivo y el éxito.
Parecer más joven a menudo se asocia con sentirse más activa y llena de energía.
Aunque en su mayoría las mujeres mayores se sienten más seguras de si misas, mejorar su apariencia es una forma de celebrar su madurez viéndose lo mejor posible.
El deseo extremo de parecer una mujer joven se relaciona con valoraciones psicológicas como la “midorexia” (describe una conducta en adultos que está obsesionada por mantener la eterna Juventud), la “gerascopia” (miedo a envejecer o cumplir años) el “Síndrome de Blancanieves” (negación del proceso del envejecimiento natural y deseo obsesivo para parecer joven).
Este deseo extremo conlleva una preocupación constante y desproporcionada por los signos de la edad. Debido a ello se recurren a intervenciones médicas o estéticas de manera excesiva, no teniendo en cuenta el riesgo de determinadas intervenciones.
Es cierto que con la edad se pierden facultades pero se ganan otras que facilitan el aprendizaje. Se gana en capacidad para relacionarte, sentido común, pausa y paciencia.
Las mujeres de hoy entre 40 y 50 años no tienen nada que ver con las mujeres de la misma edad de hace 40 años. Éstas tenían........
