Yo soy español, pero todo el año
Hay pocas cosas más curiosas que ser español en España. Y no lo digo porque aquí discutamos de política en las cenas de Navidad, porque el árbitro siempre tenga la culpa o porque cada comunidad autónoma crea que hace la mejor tortilla de patatas. Eso entra dentro de nuestra normalidad.
Lo verdaderamente sorprendente es que hayamos conseguido convertir el símbolo que representa a todos en un objeto de sospecha.
Porque, seamos sinceros, hay una diferencia enorme entre llevar una bandera de España el día de la final del Mundial y hacerlo un martes cualquiera de noviembre.
El domingo de la final todo son abrazos.
Todo son balcones vestidos de rojo y amarillo.
Las redes sociales se llenan de banderas.
Los niños salen con la camiseta de la Selección.
Y hasta el vecino que lleva años diciendo que «las banderas no sirven para nada» aparece envuelto en una enseña nacional como si acabara de desembarcar en Normandía.
Y además es perfectamente normal.
Porque celebrar que tu país gana un Mundial es una de esas pocas cosas capaces de unir a millones de personas.
Lo extraño viene después.
Dos semanas más tarde la bandera desaparece.
Las camisetas vuelven al armario.
Los balcones recuperan su aspecto habitual.
Y, de repente, volvemos a esa España donde llevar una pulsera con los colores nacionales puede despertar más comentarios que llevar un tatuaje de un dragón en la frente.
Es un fenómeno fascinante.
Pero ahora sí aparecen los susurros.
«Uf… ese lleva una bandera de España…»
«Ya sabemos de qué pie cojea.»
Hay que reconocer que algunos poseen unas capacidades detectivescas extraordinarias. Sherlock Holmes necesitaba una lupa, huellas dactilares y horas de investigación. Aquí basta una pulsera de tela de cinco euros para reconstruir la ideología, el programa electoral y hasta el árbol genealógico del individuo.
No deja de tener mérito.
Lo más llamativo es que esa sospecha desaparece exactamente cuando España juega un Mundial o una Eurocopa.
Entonces la bandera deja de ser polémica.
Entonces nadie pregunta a quién votas.
Entonces el patriotismo recibe una amnistía temporal.
Durante un mes somos un país perfectamente normal.
Durante un mes nadie se escandaliza porque ondee una bandera española.
Durante un mes el himno emociona.
Durante un mes todos somos españoles.
Y cuando el árbitro pita el final… se acabó el permiso.
Es como si alguien anunciara por megafonía:
—Señoras y señores, pueden guardar nuevamente sus banderas. La excepcionalidad patriótica ha finalizado.
Y eso dice mucho más de nuestra sociedad que de quienes llevan la bandera.
Porque conviene decir algo que, a........
