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Una ‘app’ llamada vida

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08.08.2026

Un «ofendidito» Sánchez responde a Meloni con controles a los viajeros procedentes de Italia

Nunca he conocido felicidad que dure años…; ni tan siquiera meses; todo lo más, unos pocos días seguidos, y la mayoría de veces, ni eso.

Es más, que raro es comenzar feliz un día, sin que antes de que llegue su final, recibas una noticia, o te pase algo, que haga que el día acabe mal.

Es por ello que lo que más miedo me ha producido siempre, no han sido las tormentas desatadas sobre mi cabeza, sino el silencio y la tranquilidad que se respira antes de ellas. Es decir, cuando las cosas van demasiado bien; tal vez porque hace años aprendí que este mundo tiene más de infierno y purgatorio que de soñado Cielo.

Aunque también, es justo decir, lo raro que es comenzar mal un día, y terminarlo mal, sin que antes, al final de la jornada, no se produzca ´un algo´ que nos levante el ánimo. Al final, nos encontramos con un equilibrio milimétricamente diseñado.

Pequeños milagros; respiros que da la vida, según los ateos; respiros que da Dios, según los creyentes.

Y es que todo el sentido que tiene otorgar a Dios características tales como misericordia, inteligencia, y voluntad, queda un tanto ridículo cuando intentamos aplicarlas a eso que llamamos vida; un ente variopinto, elevado a categoría de divino, pero sin teología que lo ampare.

Y es que es mucho más cómodo hablar de casualidades que de causalidades, porque la casualidad no tiene, ni busca, explicación, mientras que la causalidad incita a pensar, a la busca de la causa. Algo intelectualmente incómodo, y descompasado con el pensamiento simplista con que los Estados han vacunado a la ciudadanía adocenada.

Porque, al fin y al cabo, animistas aparte, la vida no es un ente,........

© Periodista Digital