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¿Por qué Dios permite el dolor en el mundo?

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13.04.2026

Jiménez Losantos denuncia sarcástico que en el TS se pueda declarar enmascarado o por escrito, pero no decir 'puta'

Si Dios existe, y para mí existe, por qué permite el dolor en el mundo.

Soy una persona creyente, pero no por ello me salvo de mi ración de dolor; lo único que al comprenderlo, darle sentido y aceptarlo, me duele menos.

En cualquier caso, el no ser creyente no te libra en absoluto de las cruces que forman parte de la vida, y con las que tienes que cargar, sí o sí.

Qué bonito sería el poder decir ´como no creo en la redención de las culpas a través de la cruz, pues me libro de la cruz…´ Pues lo siento, pero va a ser que no, porque la cruz o la coges voluntariamente, o te cae en la cabeza, pero de la cruz no se libra nadie.

El relato de la fruta prohibida

La doctrina de la Iglesia suele recurrir al Pecado Original para explicar, que por él vino el dolor y la muerte. Otros teólogos, más ´avispados´, nos contarán que es un ´misterio ´, y se quedarán tan a gusto.

Por otro lado, los ateos utilizarán el tema del dolor como caballo de batalla a la hora de intentar demostrar que Dios no existe, basándose en el terrible sufrimiento que aflige a una gran parte de la Humanidad, que es incongruente con la visión que se ha dado de un Dios Todopoderoso, Padre de Amor y Misericordia. Claro que este perverso razonamiento ateo, llevado a sus últimas consecuencias, lo único que podría demostrar, que tampoco lo hace, es que Dios no nos ama, pero no que no existe.

Un servidor, por su parte, intenta buscar una explicación más lógica que la de achacar, cándidamente, todos los males que padece la Humanidad, al pecado de una mujer que, siendo tentada, comió fruta de un árbol prohibido, haciendo partícipe de la infracción, a su compañero. Pero, como no soy un doctor de la Iglesia, no voy a salir diciendo que es un ´misterio muy misterioso´, en el que hay que creer, y punto pelota.

Una explicación sencilla y comprensible

Intentaré encontrar una explicación lógica, corta y comprensible; porque si para explicar la aparente incongruencia, tengo que escribir un libro, mal empezamos.

Veamos si soy capaz de hacerlo, sin extenderme demasiado.

La primera experiencia traumática, que mi memoria recuerda, aconteció durante mi primer día de colegio, o mejor dicho de parvulario. Ese día conocí la angustia, la desesperación y el terror.

Tendría yo, por aquel entonces, cinco años de edad. Mi madre me llevó de la mano hasta un siniestro edificio regentado por unas monjitas, y me abandonó durante tres terribles horas. Recuerdo perfectamente cómo, mientras lloraba y pataleaba hasta el ´encanamiento´, cavilaba sobre por qué mis padres me hacían ´eso´, llegando a pensar que no me querían.

Consumido por la impotencia, lloré hasta el vómito, terminando los restos de mi infantil desayuno desperdigados por el suelo del recinto.

Posteriormente, a la........

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