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Pequeñas f(r)icciones: ¿Qué precio tiene el cielo?

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01.02.2026

El presidente José Jerí abre los ojos y, de golpe, un manantial luminoso le colma la vista y lo fuerza a volver a cerrarlos. Segundos después, vuelve a enfrentarse a esa luz y, pestañeo a pestañeo, logra que sus pupilas se habitúen. En el acto, comprueba, intrigado, que se encuentra en una especie de gran nube, un lugar cercado por paredes algodonadas y cubierto por un humo bastante similar al que despide el hielo seco. Frente a él, un anciano enorme, de larga barba blanca y de túnica brillante, lo está mirando detrás de un escritorio inacabable hecho de vidrio grueso, como piedra.

—Bienvenido, hijo —dice con una voz robusta y serena.

Jerí lo mira sin decir nada y luego vuelve a revolotear su mirada por el lugar. Entonces, un frío le atraviesa la columna vertebral y un repentino devaneo casi le dobla las rodillas.

—No te preocupes -acota el anciano, sonriéndole detrás de unas gafas redondas y plateadas—. Es comprensible que te sientas abrumado.

—¿Dónde estoy? —pregunta Jerí.

—Estás en el cielo, hijo. Bueno, en la oficina de admisión.

—¿En el cielo? —pregunta sin esperar respuesta. Sacude su cabeza, mientras siente que algo da vueltas en el estómago. Otra vez mira al anciano—. Eso quiere decir que estoy…

—Sí, hijo. Estás, ya sabes, sin vida, sin ninguna posibilidad de celebrar tu próximo cumpleaños.

Una sombra aparece en el rostro de Jerí y, casi sin proponérselo, empieza a mover la cabeza de un lado a otro.

—Pero no puede ser. Yo soy una persona joven.

—Es perfectamente normal que al comienzo te niegues a aceptarlo.

—Es que en verdad no puede ser —insiste. En ese momento, empieza a tocarse las piernas, el pecho, el rostro—. Yo me siento vivo. Me siento bien, mejor que nunca.

—Claro que te sientes bien. Estás en el cielo.

—Esto tiene que ser un error.

—¿Tú dices que no te corresponde el cielo, sino el infierno? —pregunta mientras señala con su dedo hacia........

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