menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

"Eppur si muove"

30 0
07.05.2026

Por un momento he imaginado a un joven con las manos manchadas de un mejunje, mezcla de sangre, tierra y hierbas, que discute con su padre porque quiere pintar en el techo de la cueva la figura de un bisonte y su viejo se opone. Dice que los dioses les castigarán y les traerá mala suerte en sus cacerías. Una cueva de Cantabria, en un paraje que llaman de Altamira. En latín, "altura de miras". La discusión ocurrió hace 20.000 años.  Y aunque el joven, que se jugó el pellejo, pues el brujo de la tribu también se lo impedía, consiguió no solo convencerlos, sino animar a otros colegas a pintar caballos, jabalíes y ciervos. Unidos. Gracias a aquellos osados y a su "altura de miras", la cueva del Paleolítico es considerada una Capilla Sixtina.

El 1553, en Ginebra, el médico y teólogo aragonés Miguel Servet es quemado en una hoguera. Atado a una estaca y con sus libros y unos troncos como materia incendiaria. Unas horas antes, se ha intentado conmutar la terrible pena por una "simple" decapitación. Pero el tribunal no ha accedido. Su delito es grave: es un hereje que ha descubierto el sistema de doble circulación pulmonar. La sangre no se oxigena en el corazón, que solo la bombea, sino en los pulmones. ¡Ohhhhhh, pura brujería! Para su hallazgo, lleva años trabajando con cadáveres, que descuartiza y extrae venas y arterias. Un hereje, un endemoniado que niega a la Santísima Trinidad, que debe morir abrasado.

Las mismas hogueras en las que quemaron a miles de mujeres valientes, que se atrevieron a rebelarse por la causa que fuera, acusadas de brujería. Recuerdo que siendo teniente de alcalde en Daimiel – sí, donde el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel –, observando que todos los planes de empleo eran siempre los mismos, para personas sin cualificación: limpieza de calles, jardines, etc. Se nos ocurrió, tras estudiar las listas del paro en las que aparecían 30 jóvenes titulados universitarios – historiadores, geógrafos, filólogos y filósofos – que jamás habían trabajado, crear un plan de empleo especial para ellos, dedicado a la investigación. Un plan de un año, que nos aprobó de inmediato la Administración. Los dividimos en tres grupos y a uno se le encomendó la tarea de investigar por qué a Daimiel se le conocía con el sobrenombre de El pueblo de las Brujas. Y la respuesta fue apareciendo, potente y diáfana, en cuanto comenzaron a escudriñar legajos  en Toledo y en el Archivo Nacional, de los juicios del Tribunal de la Santa Inquisición a las “brujas” daimieleñas:  Juana Ruiz, acusada (1540) de volar por las noches y hacer pactos con el diablo; Isabel de la Higuera, procesada (1550) por dibujar en la ceniza y hacer pócimas para "desligar"; Ana Díaz, juzgada por realizar conjuros de amor;........

© Público