Tan absurdo como una 'influencer' en la alfombra roja de los Goya
Como una rodaja de chorizo de Pamplona en un cuenco de chuches. Como cuando Village People actuaron para Trump. Como Miguel Bosé diciendo que había más libertad en los ochenta que ahora. Así de incongruente, frustrante y descabellado es encontrarse, año tras año, a influencers de lifestyle en la ceremonia de los Goya. Incongruente porque no hay relación lógica entre la creación cinematográfica y un vídeo echándote corrector de ojeras. Frustrante porque hay miles de personas que trabajan en la industria del cine, y en el oficio de la interpretación y de contar historias, que nunca han asistido a una gala de los Goya, en estos cuarenta años de existencia, y que ven, desde el sofá de su casa, a una señora, paseando por la alfombra roja, cuyo único mérito profesional es tener tres millones y medio de seguidores en Instagram. Y descabellado por lo absolutamente desproporcionado que es darle un lugar prioritario a quien solo vende forma en demérito de quienes también trabajan el fondo.
La presencia de influencers en los Goya, algo que también sucede en el Festival de Málaga, es la anécdota que se convierte en despropósito. Con la sorpresa que me provoca el hecho de que la burbuja influencer esté durando más que la inmobiliaria, os cuento que esta especie de intrusismo virtual en el mundo real empezó hace ya más de una década. Aún recuerdo la idea bizarra que tuvo la editorial Penguin Random House cuando decidió invertir su partida........
