El ser o no ser de la sanidad pública
Mi abuela decía que la vejez es muy fea. Lo que ella no llegó a saber es que con una sanidad pública sana la vejez se pone más bonita.
Mi padre lleva siete meses esperando una operación quirúrgica de una hernia inguinal. Desde que se jubiló, andar y andar, hacer kilómetros diarios del brazo de mi madre por todos los rincones de esta ciudad, dueños de su curiosidad, de su tiempo y de sus fuerzas, es lo que les ha dado más vidilla, lo que les ha mantenido sanos, ocupados y contentos en esta etapa de la vida.
Hace siete meses que no camina.
Sus hijos, medio ateos, ahora rezamos por que no se nos muera de pena esperando en este Madrid que presume de tener la menor lista de espera quirúrgica de España, mientras tampoco le opera de cataratas porque no permite estar a la vez en dos listas de espera quirúrgica. Subrayo: en la Comunidad de Madrid no puedes estar en dos listas de espera quirúrgica a la vez aunque te haga falta.
Por eso mi padre lleva muchos meses condenado a no salir de casa y a leer con mucha dificultad. Nos da miedo que conduzca. Y así, prisionero de la sanidad madrileña, la vejez se afea -no cabe duda-.
La falta de verdad sobre los recursos sanitarios disponibles y sus listas de espera -como ya denunció el Tribunal de Cuentas en el informe que aquí enlazamos-, la falta de rendición de cuentas claras sobre la atención en cada comunidad autónoma -sin engaños ni maquillajes-, sobre qué hacen para hacer más eficiente el sistema........
