De Canarias, puertos y fantasmas
El peor virus del mundo es el miedo a los fantasmas. Se propaga rápido y aunque tiene fácil cura, es muy dañino. Me refiero a la propagación del miedo a algo que no es real, a ese que difunde un pánico irracional y que lleva, indefectiblemente, a decisiones irracionales. Para combatirlo la solución es recurrir a la ciencia, nos dicen, ya que en ella sí está lo que es real y su dimensión. Estoy de acuerdo, pero añado que no está de más, cuando hablamos de personas, vacunarnos con una buena dosis de solidaridad, como la que una vez me encontré en un puerto de Canarias. Déjenme que se lo cuente:
Corría el año 1976 y, tras el atroz golpe de Estado en Argentina, el Gobierno de Adolfo Suarez despachó un barco a Buenos Aires para repatriar a los españoles que allí estábamos. Nos envió un viejo crucero, el Cabo San Roque, con el que cruzamos el Atlántico para llegar a España.
La travesía iba sin problemas y a mis ojos toda una aventura, hasta que un día, pasado el ecuador, el barco tuvo una avería. Se quedó navegando con una inclinación preocupante hacía estribor, tanto, que no podíamos tomar sopa porque se caía del plato. Yo era una niña y me lo tomé como un juego, el resto del pasaje no tanto y empezaron a contar la distancia y los días en que llegaríamos a puerto seguro:........
