Prioridad nacional: nadie podrá decir que no lo sabía
Aragón y Extremadura son ya el mascarón de proa de las políticas xenófobas en este país y, como extremeña que soy, me avergüenza especialmente.
María Guardiola tendrá el dudoso honor de haber sido la primera presidenta que se ha comprometido a ejecutar un programa abiertamente racista en Extremadura. Un lugar en el que hay más preocupación por los que se van que por los que llegan; donde la población migrante representa poco más del 4% y está 12 puntos por debajo de la media nacional, y en el que hace falta mano de obra para trabajar en la agricultura, la construcción y la hostelería. No se sabe si es que el PP extremeño desconoce tal necesidad o es que le parece más rentable que se trabaje en condiciones laborales propias del esclavismo decimonónico. El Banco de España ha dejado claro que la tasa de actividad de los extranjeros es superior a la de los nacionales, y que el efecto medio directo de la inmigración sobre el crecimiento del PIB per cápita ha sido muy positivo, sobre todo por la vía del empleo. Pero poco importan los datos.
En la tercera o cuarta versión de sí misma, la sra. Guardiola se ha apuntado con entusiasmo a la islamofobia, persiguiendo, especialmente, a las mujeres musulmanas, como si Extremadura hubiera devenido Arabia Saudí. Mujeres que se dedican a cuidar a nuestros hijos, personas mayores y dependientes, y a las que se pretende humillar y estigmatizar como epítomes de una cultura demonizada. El "feminismo de Vox" era esto.
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