menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Lo fácil

45 0
31.03.2026

Cuando me niego a utilizar la IA, de una manera fundamentada pero bastante tozuda, me pregunto si no estaré siendo igual de intransigente que una de mis bisabuelas, la menos amable de ellas. Durante semanas, se negó a salir al salón a ver la primera tele que compró mi abuelo Marcelino en los años sesenta, totalmente contraria a aquel artilugio del demonio que, por supuesto, nadie necesitaba y que su hijo había comprado por puro derroche, con una falta absoluta de sentido común. No sabemos si su propósito era revertir esa compra o simplemente quería hacerse notar, pero como era de esperar, tras su encierro voluntario en la habitación del final del pasillo, acabó sentándose en el sofá marrón de pana y viendo programas de todo tipo. Eso sí, siempre refunfuñando para hacer notar que era en contra de su voluntad. Ahora nos hace gracia, pero en realidad no es nada tan raro: cada avance técnico o tecnológico trae consigo una corriente en contra, sobre todo si no facilita la vida de manera inmediata e indiscutible. No tenemos manera de saber si la invención de la rueda se viralizó al instante o también hubo quien prefirió cargarse las piedras a la espalda, como siempre se había hecho. En cualquier caso, le encuentro algo perversamente atávico a temer las novedades, mirarlas con el ceño fruncido y sospechar de ellas. Sin duda, ese miedo al cambio forma parte de la especie humana en general y se acentúa en algunos caracteres en particular. Me temo también que es un síntoma alarmante de vejez, pero........

© Público