La victoria de Abdul El-Sayed en Míchigan y el fin del tabú
"Si no sabes pronunciar mi nombre, quita mi nombre de tu maldita boca". Así se dirigía Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Míchigan, al republicano Mike Rogers. Durante toda la campaña, el nombre de El-Sayed, su origen y religión fueron usados como arma arrojadiza por sus adversarios políticos, una estrategia de desgaste que no es nueva y que se institucionalizó tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
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El tabú de ser árabe o musulmán
Viví aquellos atentados desde Kansas, en pleno corazón de Estados Unidos. A los docentes y otros trabajadores públicos se nos exigió cerrar filas con el relato oficial: patriotismo y apoyo a las tropas frente a la "guerra contra el terror" de la Administración Bush. De un día para otro, amigos y conocidos procedentes de Afganistán, Irak o Siria empezaron a ocultar su identidad, a cambiar sus nombres ─Osama, Ayman o Mustafa─ por versiones americanizadas, para intentar pasar desapercibidos. El clima de paranoia no distinguía entre civiles y combatientes, incluyendo en el marco del "eje del mal" a millones de personas de origen árabe o musulmán.
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