Superchería en el despacho oval
No conozco cóctel más explosivo que el que mezcla política y religión. Por eso me parece que la pantomima que el otro día tuvo lugar en el despacho oval no pudo ser más peligrosa, a pesar de lo ridículo de su puesta en escena. No por grotesca resulta menos preocupante. Ese deslenguado que, a las primeras de cambio, llama "perdedor" a todo el que osa plantarle cara, ese fanfarrón incontinente que todavía preside el país mejor armado del mundo, parece no tenerlas todas consigo tras haber abierto la caja de los truenos atacando Irán. ¿Habría necesitado Donald Trump recurrir a un show como el que montó el otro día en la Casa Blanca, rodeado de lunáticos religiosos adorándolo y bendiciéndolo, si estuviera seguro de haber acertado al ordenar el bombardeo de Teherán?
Como sostiene Rafael Poch, "matar a Jameneí, junto con parte de su familia, ha sido un desastroso éxito táctico, igual que cargarse al papa de Roma para resolver un problema italiano, sin tener en cuenta la realidad mundial del catolicismo, demostraría una ceguera estratégica total". Quizás sea esa la razón por la que el presidente estadounidense decidió rodearse una vez más de la caterva de iluminados que, transidos, rogaron al cielo sabiduría........
