Un amor particular
Se conocieron en el Museo del Jamón. Cada uno frente a una jarra de cerveza. Su silencio, en contraste con el bullicio típico de estos locales, les convertía en lentos bocinazos entre un revoltijo de corcheas. Uno de ellos, el más delgado, era consultor; el otro, de voz ligeramente aflautada, ciudadano particular. Conque ciudadano particular, comentó el primero. Eso parece, respondió el segundo. Se estrecharon la mano y el consultor quiso saber más. El ciudadano particular le habló de su relación sentimental con una mujer de mirada convulsa y de cómo, a causa de esta relación, él se hallaba en una posición de franca indefensión, a merced de un Estado cuyos desmanes totalitarios sufría como el que más, al ser él, como ya se ha referido, un ciudadano de índole particular. O me........
