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Cómo se fabrican las agresiones aceptables

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04.03.2026

 Introducción. Antes de cada ataque, una historia  

En estos últimos días hemos vuelto a escuchar una historia conocida: antes de que caiga una bomba, ya existe una explicación preparada. Cuando Estados Unidos o Israel atacan Irán, aparecen palabras familiares: contención, disuasión, estabilidad regional. Cuando la violencia se ejerce contra personas palestinas, el vocabulario apenas varía: seguridad, autodefensa, lucha contra el terrorismo.

Incluso cuando se reconocen posibles violaciones del derecho internacional, se activan de inmediato una serie de dispositivos retóricos que atenúan, contextualizan o desplazan la responsabilidad. La discusión se mueve rápido hacia la amenaza previa, el riesgo futuro o la supuesta inevitabilidad de la fuerza.

Y lo cierto es que no es solo una cuestión de geopolítica (o al menos no de la geopolítica que muchos definen sin atender a la realidad del conceto). Es una forma de ordenar el mundo. Algunos actores se presentan como racionales, responsables, obligados a gestionar riesgos. Otros aparecen como amenazas permanentes que deben ser contenidas.

Ese esquema no se limita a Irán ni a Palestina. Se activa cada vez que se decide quién forma parte del orden civilizado y quién queda fuera. No es nuevo. Durante siglos, la violencia se justificó en nombre de la civilización mucho antes de que existiera la llamada ‘comunidad internacional’ que hoy se invoca como garante del orden.

 1. La amenaza permanente y la autodefensa anticipatoria  

En el caso de Irán, la idea central es clara: amenaza existencial. El programa nuclear. La influencia regional. Las milicias aliadas. El peligro siempre está a punto de materializarse.

Ese peligro no necesita estar ocurriendo ahora. Basta con que sea posible. Y si es posible, la violencia preventiva se presenta como razonable. Se ataca hoy para evitar lo que podría suceder mañana.

Con Palestina ocurre algo similar. Israel se describe como un Estado bajo amenaza constante. Cada operación militar aparece como respuesta a un riesgo estructural. El futuro vuelve a ser el argumento.

Cuando la amenaza se presenta como permanente, la fuerza también puede serlo.

Aquí entra otro mecanismo: la victimización estratégica. Los actores con mayor poder militar se presentan como víctimas históricas y estructurales. Esa posición moral no limita su capacidad de acción, sino que la refuerza. Y así prepara el........

© Público