Mis flores son más bonitas
Avenida Portugal, casi frente al Óskar Burger de Móstoles; brillos de carnaval en las calles del fondo, un viento que corta labios con la precisión de un vendimiador viejo. Sesenta personas esperan junto a la marquesina, son las ocho de la tarde y se impacientan; quieren llegar pronto a casa para besar al marido, enseñar al crío el fajo chico del día trabajado, fumarse un porrito en el cerramiento de la terraza antes de irse a dormir. Es carnaval y San Valentín, menuda coincidencia; los niños pasean cerca con trajes vistosos mientras los viajeros sujetan ramos de rosas o flores sueltas; las han cogido en Madrid, en los Madriles, y las llevan a sus pueblos de fuera del área metropolitana, lejos de aquel caos espantoso no mucho peor que su caos espantoso. Llevan las flores a Valmojado, Santa Cruz del Retamar, Portillo de Toledo, Fuensalida o Alcabón, donde sus amores los esperan con las cabezas cansaditas apoyadas en las marquesinas blancas de la Junta de Castilla La Mancha. Aquel día parece diferente, pero es igual: no saben si habrá plazas suficientes en el bus, desconocen si se quedarán en tierra o podrán volver a aquellos pueblos en los que viven a desgana.
Un hombre no espera al cerramiento y se enciende ya el porrito; dice que la cosa está jodida, que........
