Hay gente buena
Ver cada domingo el nuevo capítulo de The Pitt se ha convertido en mi actividad sadomasoquista predilecta: no soporto más de quince minutos de serie sin sentir que una ponzoña de hipocondría fertilizada con los casos tratados por el equipo de Robby me hiela las manos y me empuja a moverme, a encenderme un cigarro en el balcón, a calentarme en la cocina una tila de dos bolsitas, a toquetearme las glándulas linfáticas en busca de un tumor que me mate en quince meses; sin embargo, sumergirme en lo que el protagonista de la serie define como la fosa de las urgencias me reconcilia de alguna forma incauta y humana – nada hay más incauto que lo humano – con el mundo tras el cristal del ventanuco en el que se refleja........
