Todos los lugares, el mismo lugar
Voy a escribir sobre gentrificación mientras gentrifico. No es que haya patentado una suerte de método Stanislavski aplicado a la columna de opinión, es que no me queda más remedio, ¿verdad? Escribo lejos de la ciudad donde vivo, en una cafetería donde no me ha dado vergüenza sacar este portátil que ya un miembro más de mi cuerpo, parapetado entre una maleta y una mochila. Hasta a mí me costaría no tomarme por un turista o un expat si me viera por el otro lado de la ventana.
Siento una necesidad casi física de decir a todo el que pasa que no, que lo que ven es un espejismo, un trampantojo. Que yo sí tengo derecho a trabajar un rato aquí porque estoy esperando a que la amiga que me acoge salga de trabajar, y que soy autónomo y pago todos mis impuestos con mucho gusto. Que si he escogido este café y no otro es precisamente porque no quiero ser el gilipollas que se pone a aporrear teclas en un bar de toda la vida; que el cinnamon roll que acabo de engullir me da permiso para plantarme aquí dos horas. Si en el menú hubiera puesto rollo de canela, me lo hubiera pensado dos veces.
Aborrecería........
