Odia tu cuerpo hasta que lo quieras
Nunca he odiado tanto mi cuerpo como en la época en la que había perdido cuarenta kilos, hacía crossfit y se me marcaban los abdominales. Bueno, solo los de arriba. Llevaba un par de años haciendo todo eso que se supone que tiene que hacer una persona gorda: comer apenas, machacarse hasta la extenuación y detestar tanto su cuerpo como para que no le salten las alarmas con todo lo anterior. Nunca he estado tan cerca de ese supuesto peso ideal; nunca he estado tan cerca de no soportar estar vivo un día más.
Como el algoritmo se cuela por la gatera de nuestro subconsciente, las redes me muestran todos los días vídeos de gente que ha adelgazado mucho, que, como yo entonces, lo ha conseguido. Miles de comentarios positivos se arremolinan alrededor de estos perfiles, como me pasaba a mí también en aquellos días. Pareces otra persona, me decían mucho. Y tenían razón. Era otra persona, una que se despreciaba lo suficiente como que el maltrato autoinfligido le pareciera no solo tolerable, sino casi obligatorio.
Observo en........
