'La Odisea' de Nolan y la tortilla de patatas cabeza abajo
Como el verano no deja tiempo para nada, todavía no he visto La Odisea de Christopher Nolan. Algo tiene que ver, supongo, el hecho de que varias de sus películas más aclamadas -Interestelar, Origen, Dunkerque, Oppenheimer, Tenet- me resulten peñazos insoportables. Con Origen me dormí en la butaca -lo cual, teniendo en cuenta el argumento, quizá sea todo un elogio- y en Dunkerque lo único que captó mi interés fue la duda de si el soldado con un apretón al comienzo de la película conseguiría cagar o no. Cuando le pregunté qué le había parecido Tenet, ese espantoso rompecabezas temporal, mi querido y añorado Fernando Marías me dijo: "No sé por qué Nolan se empeña en ser tan enrevesado. Es como si quisiera hacer una tortilla de patatas colgado voluntariamente cabeza abajo".
Con todo, yo aplaudo que la adaptación de un poema griego de 2.800 años de antigüedad haya reventado la taquilla como si se tratase de una historia de superhéroes. Aunque, a lo mejor, precisamente ahí está el problema: que Nolan haya desfigurado a Odiseo, el astuto, el embustero héroe homérico, para convertirlo en una especie de Batman micénico y lastrarlo con un montón de traumas típicos de una superproducción de Hollywood. No lo sé, ya les digo que aún no he visto la película y que estoy hablando de oídas, pero Nolan estaba en su derecho de realizar su propia lectura de la epopeya, del mismo modo que historiadores, críticos y helenistas también están en su........
