La pereza para dedicarte "a eso" te convertirá en un potus seco
Las estudiantes de periodismo son dos jóvenes despejadas y respetuosas que me miran, aunque no lo admitirían, como a una dinosauria. Así se manejan, como quien habla con una especie antigua y pesada: van con cautela, tantean antes de enunciar cada pregunta, eligen las palabras, dudan un poco, siembran silencios. Me dan ganas de soltar alguna burrada que las escandalice un poco. Es este calor nuevo y engañoso que huele a fiestas mayores y liviandades. Yo también quiero liviandades, quiero bailar y vestidos de primavera, andar descalza.
Este ha sido el invierno más largo de mi vida, pero esto no hay que tomarlo en serio porque me sucede cada año.
La entrevista ha resultado corta y amena. Hemos hablado sobre violencias. Les he explicado por qué las violencias digitales constantes te escabechan la salud mental, pero el terror llega cuando las enfrentas en la calle. Hay un día en el que te das cuenta de que un tío, o tres tíos, te siguen y son los mismos que dos días atrás. Entonces, el latigazo va de la coronilla al culo y vuelta y otra vez. Mientras les hablaba de violencias he pensado que ya podría quitarme los calcetines y desterrar la lana del armario, sacar las sandalias. Sé hacer muchas cosas a la vez. Todas sabemos. Hemos esperado el orgasmo del macho esforzado sobre nosotras mientras repasábamos la lista de la compra. Incluso hemos fingido orgasmos propios de intensidad notable haciendo exactamente lo mismo. O calculando los minutos, la guardería, el cambio en los turnos de la custodia. Qué sé........
