Un mundo y su contrario
Una sensación de dislocación parece envolverlo todo. Cierro los ojos y veo, simultáneamente, imágenes de los bombardeos en Líbano; el calendario lleno de eventos de trabajo o plazos de entrega; las notificaciones de whatsapps atrasados; la visita del vicepresidente de EEUU, JD Vance, a Hungría. Si me esfuerzo, también aparecen destellos de los geranios multicolores que, por estas fechas, penden de los balcones andaluces y, acto seguido, el recordatorio de la cita electoral el 17 de mayo. Todo junto, aliñado como una ensalada imposible; la alegría que siento con las pequeñas cosas y el terror que estalla en algún lado; a veces, dentro de mi propio cuerpo, la única reserva que tengo para pensar. Hasta que caigo en la cuenta de que el desconcierto debe de ser colectivo e intento desgranar sus componentes en una suerte de mecano que me conduzca a algún tipo de reconstrucción.
Hace unos días, Trump amenazó con pulverizar una cultura entera, la persa, y con ello estrujó el corazón de millones con su puño casi octogenario. La guerra ilegítima desatada en Oriente Próximo, junto a sus veleidades y constantes amenazas a Europa, dibujan el futuro tenebroso que no queremos ver en un cuadro de ansiedad cronificada. Por un lado, el declive del derecho internacional como marco de........
