Cuando el Norte se convirtió en el Sur
Las noticias que nos llegan de la ola de calor europea son desoladoras: en Francia ya han contabilizado un exceso de 1.000 muertes, las urgencias están saturadas, tanto como las morgues de París. En Gran Bretaña, hay padres que alquilan habitaciones de hotel para proteger a sus hijos pequeños: los más susceptibles de sufrir con las altas temperaturas. Se están derritiendo carreteras y raíles ferroviarios; varias centrales nucleares han tenido que cerrar debido a la imposibilidad de refrigerarlas; y las escuelas, casas y oficinas se han transformado por momentos en calderas insoportables. Las máximas registradas nos han regalado imágenes insólitas, como las de gente durmiendo en parques o ventanas cubiertas con telas o papel de aluminio. Todo ello ejemplifica una dolorosa improvisación frente a un fenómeno que lleva siendo anunciado y estudiado con profundidad desde hace más de medio siglo. Por eso, provoca una mezcla de estupefacción y desaliento escuchar las palabras del ministro de trabajo francés, Jean-Pierre Farandou, quien se dispone a realizar un viaje a nuestro país para saber más sobre la resiliencia española que aguanta los 40 grados estoicamente. La iniciativa, si bien se efectúa en el marco de un aprendizaje que incluye ambiciosas propuestas como adaptar los horarios laborales, nos habla de un Norte que........
